«A pesar de los bastones y de las sillas de ruedas, ‘las locas’ seguimos de pie y vamos a seguir estando, ya no estamos solas».

Taty Almeida (90 años), madre fundadora del movimiento Madres de Plaza de Mayo. 

El Golpe

El 24 marzo de 1976, tuvo lugar en Argentina un hecho que habría de cambiar el rumbo y la historia de ese país: el golpe militar que derrocó a la entonces presidenta María Estela Martínez de Perón. 

La Junta Militar que se estableció, autodenominó su gestión como “Proceso de Reorganización Nacional” con la que pretendía “refundar el país” con políticas neoliberales en las que el capital privado tendría un predominio. La privatización, la apertura a capital extranjero, la especulación financiera y los monopolios, trajeron consigo una mayor inflación y por consiguiente más pobreza. Esto generó un descontento en la población. Los sindicatos y estudiantes se manifestaron. 

Comenzó entonces una ola de represión (“terrorismo de Estado”), una persecución a los que se consideraban contradictores del gobierno. Esto se tradujo en detenciones, muertes y desapariciones forzadas de miles de opositores de los cuales nadie daba ninguna razón de su paradero. En ese contexto nació el movimiento de Madres de Plaza de Mayo.

Junta militar argentina, presidida inicialmente por Rafael Videla.

Las madres

14 madres angustiadas porque sus hijos no aparecían, decidieron el sábado 30 de mayo de 1976, preguntar directamente en la sede del gobierno (Casa Rosada), que está ubicada justo enfrente de la emblemática Plaza de Mayo, por sus hijos desaparecidos. Nadie prestó atención a sus ruegos. A la semana siguiente, el viernes, volvieron aún más madres y al no encontrar interlocutor ni respuestas, decidieron organizarse y reunirse los jueves a las 3:30 pm. por ser horario de cierre de bancos, para que su súplica fuera vista y oída por más gente, haciendo más evidente su dolido reclamo.

A partir de allí, se convirtieron en una piedra en el zapato que le costó ampollas y malos pasos a la junta militar, que al final ayudaron a desestabilizar y hacer caer a una de las más crueles dictaduras de los últimos 50 años en América Latina.

Los pañuelos blancos son el símbolo más importante de las Madres de Plaza de Mayo.

Pañuelos blancos y dolor de ausencia

Los pañuelos blancos se convirtieron por casualidad y por un detalle práctico de identificación, en su símbolo. Fue un 7 de octubre de 1977, para un encuentro del grupo en la peregrinación anual a la  Basílica de Luján, cuando convinieron utilizar un pañal en la cabeza para reconocerse en medio de la multitud. Este detalle de vestuario adquirió un significado profundo, por ser el pañal la primera prenda usada por el hijo desaparecido. A partir de allí, nunca más se lo volvieron a quitar y se transformó en su símbolo más preciado. 

Estas mujeres guerreras, simples amas de casa, armadas solo con su dolor, su persistencia y los pañuelos blancos cubriendo sus cabezas canosas, han conseguido lo que no pudo guerrilla alguna: debilitar y desenmascarar la dictadura. Pero les costó caro: Las primeras líderes: Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y Mary Ponce de Bianco, fueron secuestradas junto con las monjas holandesas Alice Domon y Léoni Duquet y siete activistas más; posteriormente las hallaron muertas. Durante esos primeros años fueron amenazadas, detenidas, encarceladas y maltratadas; algunas perdieron otros hijos y otras murieron sin saber nada de los suyos desaparecidos.

Gol a la dictadura

Para la inauguración del Mundial de fútbol de Argentina, el 1 de julio de 1978, (que coincidencialmente era un jueves), la Junta supuso que toda la prensa estaría en el estadio Monumental; sin embargo, un corresponsal de la agencia France Press, Jean Pierre Bousquet, transmitió en directo desde la Plaza de Mayo, paralelo a la inauguración, una nota con las Madres, que fue retransmitida por la televisión holandesa. Esto les dió una mayor visibilidad mundial y las empezaron a reconocer como un movimiento social significativo. 

El régimen militar utilizó el Mundial de Fútbol de 1978 con fines propagandísticos. Y Argentina salíó campeón. En la foto, Rafael Videla le entrega la copa al capitan del equipo argentino, Daniel Pasarela.

Marcha de la resistencia y la CONADEP

Desde 1981, todos los 24 de marzo, realizan una movilización de 24 horas denominada «Marcha de la resistencia” con la que celebran la retoma de la plaza, después de ser desalojadas en 1979 por “remodelación de la plaza” (le pusieron alambres de púas y restringieron su acceso) y por su reclamo a la posición de Videla de no reconocer muertos, pues “solo están desaparecidos”. La marcha consistía en caminar sin descanso alrededor de la plaza por 24 horas. La primera vez que la realizaron las tildaron de locas y creyeron que no iban a poder aguantar. Cuando llegaron al día siguiente, las encontraron alegres, cantando y perfectamente lúcidas. A partir de ese momento la plaza volvió a ser de ellas y se convirtió en su fortín.  Desde entonces, la marcha la hacen cada año. Las Madres han realizado más de 2.150 encuentros convirtiendo el jueves, para los argentinos, en día de reclamo y reconciliación. Sus encuentros y sus marchas son ahora multitudinarias y la Plaza de Mayo, se ha convertido en sitio de peregrinación.

Luego que la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), presidida por Ernesto Sábato y apoyada por el premio nobel Adolfo Pérez Esquivel dijeran, en septiembre de 1984, que no habían encontrado evidencias sino de 8961 personas desaparecidas y muertas y 340 centros de reclusión y tortura, y cerraban el expediente, sin hacer mención ni condena pública de los represores, Hebe de Bonafini, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo recordó:

“El 5 de diciembre de 1980 sacamos la famosa frase de cuestionamiento a un sistema perverso: «aparición con vida», porque no hemos de dejar morir a nuestros hijos, aparición con vida en cada lugar donde un hombre o una mujer pelean y luchan y levantan un fusil para defenderse, ahí están ellos. ¡Aparición con vida! ¡De verdad, no es una utopía ni una locura!»

«Aparición con vida» fue la consigna que utilizaron para forzar a la justicia argentina a la investigación profunda de las desapariciones ocurridas durante la dictadura.

El duro paso hacia la democracia

En 1983, el radicalista Raúl Alfonsín, asume la presidencia, luego de una transición con los militares, debido al descrédito ganado después de perder la Guerra de las Malvinas. En 1989, Carlos Saúl Menem gana las elecciones y a los seis meses promulga una polémica ley de indulto para los militares, en la que los exime de toda culpa. 

Desde ese momento se desata un movimiento denominado “escraches” que consiste en hacer manifestaciones contra los indultados en los sitios a donde asisten, poniéndolos en evidencia. Pasacalles o letreros diciendo en un restaurante: ¿Sabe usted con quien comparte la comida?; en una discoteca: ¿Sabe usted con quién está bailando? ¿Sabe usted con quién están sus hijos?; en un vecindario: ¿Sabe usted que hay un asesino en su barrio y es su vecino? “Este barrio no es guarida para indultados genocidas”, fueron algunas de las consignas utilizadas por la agrupación H.I.J.OS. quienes los iniciaron. Las madres participaron activamente y colaboraron con entusiasmo y creatividad en esos escraches.

Próxima entrega (2): Escisión – por fín fueron escuchadas – Otras actividades educativas – Abuelas de Plaza de Mayo