Por: Ligia Echeverri Ángel*

 

Cambios Familiares y Envejecimiento. Colombia hoy

Si en el anterior escrito plasmé una hipótesis acerca de cómo serán la familia y el envejecimiento en el contexto de Bogotá en el año 2070 si no se hacen cambios urbanos, ecológicos y sociales ya, hoy quiero hablar sobre la actualidad de la vejez colombiana en 2019.

Las personas, la burocracia y los políticos han visto y siguen mirando al viejo como si éste levitara en el vacío. No lo ubican en los distintos tipos de familias que tenemos en el país, ni en los contextos culturales, sociales y económicos correspondientes.

Por esa displicencia, hay muchos que se compadecen de los viejos y proponen soluciones asistenciales a sus “problemas”. ¡Ay Pobre viejito! Démosle unas galletas a esa viejita que se ve que no ha comido nada… Llevemos a ese pobre anciano a un asilo porque está durmiendo en la calle…

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Pero también hay quienes se sienten caritativos y útiles porque organizan planes y programas para ofrecer todo tipo de bienes y servicios para las personas mayores, eufemismo para hablar de viejos, pensando en el negocio más que en atender las necesidades reales y las capacidades de esa población llamada “la tercera edad “. Piensan en la población que trabajó y cuenta con ahorros, o en aquellos que tienen una pensión, la mayoría de las veces insuficiente para subsistir, aunque otras veces digna. Son -entre otros- programas de viviendas en conjuntos cerrados con servicios comunales, planes vacacionales, planes de salud y descanso para el rejuvenecimiento.

Los tratamientos antienvejecimiento se están volviendo muy comunes. Las cirugías estéticas, el botox y las dietas son los más frecuentes, tanto en hombres como en mujeres. Foto tomada de iccestetico.es

La vejez, «una desgracia que se puede retardar» 

Pero en realidad, la mayoría de las personas en la sociedad occidental y especialmente las que viven en los llamados países capitalistas, creen sinceramente que la vejez y el envejecimiento son una desgracia irremediable que debe eludirse al menos antes de cumplir 40 o 45 años, es decir, no hablar del proceso, ni de las enfermedades, ni de los achaques y manías que llegan con el paso de los años. Y también personas que, cuando ya es inevitable mencionar los temas relacionados con la vejez, sus achaques y problemas, buscan estrategias para disimular, ocultar, retardar o tapar el proceso de envejecer y los signos externos del envejecimiento.

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En general la mayoría de nuestros adultos están convencidos de que, si el tiempo no se puede detener a nuestro antojo, al menos sí se pueden retardar o camuflar el deterioro y las manifestaciones de la vejez, como las canas, las arrugas, la calvicie, la gordura o el excesivo adelgazamiento. Y desde hace unos 15 o 20 años, en Colombia ha aumentado el número de nutricionistas y educadores físicos expertos en acondicionamiento físico y alimentación, cirujanos plásticos, otorrinos, oftalmólogos, cirujanos de columna y cadera, reumatólogos, geriatras y gerontólogos, profesionales todos dedicados a retardar el envejecimiento y mejorar la calidad de vida de los envejecientes, mediante planes de alimentación y deporte, implantes de audífonos, corrección visual y otras cirugías.

Las mujeres en la cultura occidental, están «obligadas» a verse, sentirse y «parecer» jóvenes. (Yasmina Rossi, 64 años, modelo)

La mujer: siempre joven y bella

Es así como la ciencia y la tecnología, pero también otras profesiones, artes y oficios se han dedicado a disminuir el temor a la vejez y a la muerte, aunque otros se dedican a explotar la angustia que a muchas personas les produce comprobar que el tiempo pasa y que la muerte es una ley de la naturaleza que cobija a todos los seres vivos del planeta. Nacer, crecer, envejecer y morir hacen parte de nuestro ciclo natural. 

El mayor temor lo sienten las mujeres occidentales criadas en familias y sociedades patriarcales como objetos para complacer, atender y cuidar y por tanto bellos y sutiles pero sin cerebro. La mayor presión de esta sociedad que exalta la juventud, la fuerza y la belleza se ejerce sobre las mujeres… Se espera que no envejezcan o que como eso no es posible, que se sometan a todos los sacrificios que implica aparentar la juventud y belleza que se perdió **

Conclusión: verse joven es la meta de la sociedad moderna. Y todos le temen a la enfermedad y a la muerte. Estos serán los temas de nuestro próximo artículo.

 

* Socióloga y Antropóloga Social, especialista en Familia. Ex vicerrectora y Profesora Titular de la Universidad Nacional de Colombia. Autora de varios libros y artículos sobre Familia, Vejez y Envejecimiento.

**A propósito de este punto, coincido con lo dicho por Margarita Rosa de Francisco en su columna de El Tiempo del 28 de Julio y los comentarios que de ella hizo la periodista Vicky Dávila.

 

 

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