La ausencia de alguien siempre es dolorosa y hay relaciones en las que se sienten más esas ausencias, por el significado que tienen. Fernando Cano Busquets (1956), periodista gráfico y escrito, que ha visto, vivido y sufrido la desaparición de personas queridas, y a quienes lleva en su corazón, nos trae un bello y poético texto de reflexión sobre el sentido de la ausencia y lo que eso significa en nuestra cotidianidad. La expresión «ya no está entre nosotros» es muy frecuente y se relaciona casi siempre con la muerte de personas cercanas, pero, ¿seguirá siendo válida para un árbol? Es la sensación que tiene el cronista al no ver (extrañar) un árbol que estuvo mucho tiempo en su camino y que de repente alteró su paisaje. Sentimientos de duelo y presencia de buenos recuerdos. QP

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«Ya no está entre nosotros»

Por Fernando Cano Busquets*

¿Qué quiere decir en realidad la expresión “ya no está entre nosotros”?

Por ejemplo, cuando alguien se refiere a la ausencia de un ser querido, o de un algo al cual estábamos habituados en la cotidianidad, suele soltar un dolorido “ya no está entre nosotros”.

¿Pero es ello posible? Ayer, después de mucho tiempo, (casi 6 cuarentenas completas), regresé a uno de los paisajes más queridos desde la infancia y como es costumbre siempre que llego allí, realicé el inventario automático de sus componentes: la profunda sucesión de montañas que se va estirando hacia arriba en su intento por alcanzar el cielo; las rocas blancas del risco que en un punto específico terminan en la forma de un cisne inventado en la juventud de enamorados; los chicalás o los gualandayes que según la época del año inundan de pecas amarillas o moradas la faz de la cordillera; las matas de plátano o los mangos que apenas dejan ver las siluetas de las casas campesinas; el río que más que verse se intuye por el ruido que hace al estrellarse con las grandes piedras de su cauce, y en fin, la sucesión interminable de verdes que más de una vez ha puesto en aprietos a pintores avezados.

«Aún distingo el blanco y grueso tronco que pronto se bifurcaba en dos ramas esbeltas, casi gemelas, iluminando esa porción del paisaje como si fuera un faro para alertar y orientar a los navegantes que venían de altamar.«

Este ejercicio de recorrer el horizonte de izquierda a derecha o al contrario, se hace con el deleite inexplicable de estar pasándole revista a la felicidad, pues es completamente cierto que si no fuéramos nosotros los privilegiados en el arte de contemplar, sino ellos (río, montañas, árboles, firmamentos), encontrarían siempre en nuestros rostros esa sonrisa de giocondas enigmáticas con la que siempre los celebramos.

Pero esta vez hubo un árbol que no contestó “presente”. Casi no lo descubro porque en esos primeros recorridos de la vista al regresar, él, seguramente, estuvo ahí.

Paisaje con árbol y sin árbol. Fotos Fernando Cano Busquets.

El caso es que alguien me advirtió: “ya no está entre nosotros, lo talaron”. Y es de ahí de donde surgió la pregunta que encabeza esta nota. Porque si ello fuera cierto, dicho árbol no hubiera estado entre nosotros todos los años que permaneció erguido acompañándonos desde lejos, bien muerto como ya lo estaba desde hacía tiempo. Y por el otro, no ha dejado de estar ahora pues tal y como ocurre con los seres queridos, habita el reino de los recuerdos más apreciados y queridos. Aún distingo el blanco y grueso tronco que pronto se bifurcaba en dos ramas esbeltas, casi gemelas, iluminando esa porción del paisaje como si fuera un faro para alertar y orientar a los navegantes que venían de altamar. Aún están esos chamizos a donde llegaban las mirlas, las tangaras, las garzas, los chulos, las chicharras. ¿Qué son entonces esos brazos de cientos de dedos que todavía veo sobresaliendo por encima de la blanca niebla que pasa corriendo hacia arriba como una sábana de arropar gigantes?

Ese árbol, más bien, no existió cuando estaba vivo, castaño, verde oliva, amarillo. No sé. Quién sabe por cuántos años permaneció camuflado entre sus vecinos sin que lo notáramos. Ahora, que se convirtió en protagonista de las querencias nuestras, sigue ahí después de talado. Es como el padre, o como los abuelos, o como los amigos, que aunque quieran vendernos la idea de que ya no están, aun siguen erguidos y presentes iluminándonos el camino a pesar de las constantes mareas de los años.

Fotografías Fernando Cano Busquets.

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Fernando Cano Busquets (1956), es filósofo, periodista y fotógrafo. Se inició como reportero gráfico y a la muerte de su padre, don Guillermo Cano, asesinado por Pablo Escobar, tomó el testigo y asumió el comando de El Espectador durante más de 10 años junto con su hermano. Ganador de dos Premios Nacionales de Periodismo gráfico y un CPB como escritor, así como del Premio Nacional de Fotografía 2017, que celebró con una gran exposición retrospectiva en el MAMBO. Viajero consumado, atento y observador, ha desarrollado una carrera como cronista visual de Colombia. Ha publicado cuatro libros temáticos de fotografía: Suramérica un continente de agua (2005), Café, historias de progreso y futuro (2007), Colombia, Carnavales y Fiestas populares (2007) y un recopilatorio de sus recorridos por Colombia: ¡País! (2018).

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