Plan 75
Estuvimos viendo en días pasados, por invitación del cineclub Quintamática, la película japonesa “Plan 75”1, una perturbadora reflexión relacionada con el envejecimiento acelerado de la población en Japón y su verosímil solución burocrática, que, aunque distópica2, no deja de ser no solo una situación posible sino aterradora. Fue considera la mejor película en Cannes en la sección «Una cierta mirada» y la mejor ópera prima. Esta es nuestra impresión.
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“Plan 75”: ¿Cuánto vale una vida cuando deja de ser ‘útil’? Reflexiones sobre una distopía
John Brian Cubaque*
Vivimos en sociedades obsesionadas con la eficiencia y la productividad. Nos miden por lo que producimos, por los resultados que entregamos y por nuestro rendimiento económico. Pero, ¿Qué ocurre cuando envejecemos y el sistema decide que ya no cabemos en esa ecuación?
Esa es la inquietante premisa de Plan 75 (2022), la ópera prima de la directora japonesa Chie Hayakawa (Japón, 1976). Lejos de la estridencia habitual del cine fantástico o de catástrofes, la película nos sitúa en un futuro cercano y perfectamente verosímil en Japón, donde el envejecimiento desbocado de la población empuja al gobierno a implementar una macabra solución: un programa de eutanasia estatal, dirigido a mayores de 75 años, que ofrece asistencia logística y financiera a cambio de poner fin a sus vidas.

La banalización del horror
Uno de los mayores méritos del filme es cómo retrata la institucionalización del descarte. El “Plan 75” no opera desde el fascismo violento o la tiranía abierta, sino desde la frialdad burocrática. Los asesores gubernamentales son educados, amables y empáticos en apariencia; los formularios parecen trámites de jubilación y el proceso se vende como un «acto de libertad individual» o un servicio al bien común.
Esta normalización del horror es quizás el aspecto más escalofriante de la obra. Nos obliga a mirar de frente una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto nuestras sociedades actuales ya marginan, invisibilizan o consideran una «carga» a las personas mayores?
El peso de la soledad
A través de personajes entrañables y profundamente humanos —como Michi (interpretada por la actriz Chieko Baisho (1941), una mujer de 78 años que intenta subsistir en un mercado laboral cerrado para su edad—, la película trasciende la crítica política para convertirse en un drama íntimo sobre la dignidad. Plan 75 expone que los ancianos no eligen este camino por un deseo genuino de morir, sino por una profunda y devastadora soledad.

El verdadero motor que empuja a los personajes hacia el programa no es el costo económico para el Estado, sino la sensación de haberse convertido en estorbos invisibles, en ciudadanos de segunda categoría que ya no le importan a nadie.
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Un espejo para nuestro presente
Plan 75 no pretende darnos lecciones morales ni caer en manipulaciones emocionales fáciles; su tono es sobrio, contemplativo y respetuoso con el espectador. Sin embargo, su mensaje es un grito de advertencia.
En un mundo globalizado que idolatra la juventud eterna y descarta todo aquello que no genera beneficios inmediatos, esta cinta japonesa nos recuerda que una sociedad se mide por cómo trata a los más vulnerables. La verdadera prueba de humanidad de nuestro tiempo no radica en cuán eficientes podemos llegar a ser, sino en la capacidad de recordar, cuidar y abrazar a quienes ya caminaron antes que nosotros.
El tema de la película se inspiró en la antigua leyenda japonesa del ubasute, que ya había servido de base para la novela La balada del Narayama (1956) de Shichirō Fukazawa. La puesta en escena tiene una ambientación convencional que se hace más dramática al utilizar el claroscuro como lenguaje visual para enfatizar la difícil situación que vive Michi.
«Se sitúa en la mejor tradición de algunos maestros del cine japonés, al plasmar el desgarro generacional que viven los ancianos desde un relato sobrio y cargado de humanidad. (…) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)»
Eulalia iglesias, revista «fotogramas»
El rol de los jóvenes como parte de la normalización y la burocracia
En la distopía que plantea Plan 75, el rol de los jóvenes es profundamente perturbador. Lejos de ser meros espectadores o rebeldes en una lucha generacional abierta, la juventud se encuentra atrapada en los engranajes de un sistema utilitario que los exprime de distintas maneras.

A través de personajes clave como el reclutador Hiromu (Hayato Isomura) o la joven enfermera filipina María (Stefanie Arianne), encargados de convencer a los ancianos de que inscribirse en el «Plan 75» es un acto de generosidad patriótica y una decisión «libre», la película expone cómo la sociedad empuja a los jóvenes a asumir roles de complicidad, supervivencia y deshumanización. Para poder sostener este trabajo, deben anestesiar sus propias emociones.
Lo más trágico de la juventud en Plan 75 es que no son los villanos de la historia, sino las primeras víctimas colaterales de un sistema desalmado. La distopía les roba la capacidad de empatizar, los obliga a normalizar la crueldad económica y los convierte, sin que lo deseen del todo, en verdugos de sus propios mayores. El mensaje sutil (o no tan sutil) que reciben es que las personas mayores son un lastre financiero que absorbe los recursos del Estado.
La obra de Chie Hayakawa es un llamado de alerta. No busca aleccionar, sino sacudir nuestra conciencia sobre hacia dónde nos dirigimos si priorizamos la eficiencia sobre la empatía. La película expone que la peor condena de la vejez no es el paso del tiempo, sino dejar de importar para la comunidad. Es una dura reflexión sobre el derecho inalienable a envejecer con dignidad. Recomendada
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*John Brian Cubaque (1954) es Director de quintopiso.net. Periodista especializado en temas de longevidad, bienestar en mayores y envejecimiento saludable. Ex periodista gráfico de la revista Semana y de la Agencia Nacional de noticias CIEP.
- Esta película no está en cartelera pero puede verse en la plataforma Amazon Prime.
- Una distopía (o antiutopía) es una representación ficticia de una sociedad futura o imaginaria con características negativas, opresivas o deshumanizadoras, opuesta por completo al concepto de utopía. El término, procedente del griego, fue creado por John Stuart Mill a finales del siglo XIX como antónimo directo de utopía, término que a su vez fue acuñado por Tomás Moro y figura como el título de su obra más conocida, publicada en 1516, donde describe un modelo para una sociedad ideal con niveles mínimos de crimen, violencia y pobreza. Wikipedia
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