Alfonso Quijano (Bogotá, 4 de marzo de 1927), artista plástico con una obra de referencias claras a la violencia política desatada en Colombia desde los años 40 y aupada por los acontecimientos del 9 de abril de 1948 (asesinato de J. E. Gaitán), con subsecuentes desarrollos nefastos encarnados por el surgimiento de los “Pájaros” en el Valle del Cauca, y los “Chulavitas” en Boyacá, y la posterior creación de los grupos guerrilleros provenientes de la zona rural.

Quijano inició sus estudios en la Escuela de Bellas Artes con sede en el Claustro de Santa Clara en Bogotá, en 1955 y desde 1960 fue docente de la misma hasta su jubilación ya en la Universidad Nacional. Ha utilizado para sus xilografías la madera del carreto o samán, un árbol de color rosado de crecimiento muy lento. Según su experiencia, “es la madera ideal para trabajar la xilografía, debido a que es dura y compacta, se deja pulir y deja una superficie lisa”. También ha diseñado y fabricado sus propias herramientas: “Yo mismo las elaboro con piezas odontológicas, he utilizado los aceros que desecha mi esposa (odontóloga); les he añadido un mango de metal denominado mandril utilizado por relojeros, el cual les da mucha firmeza. Asimismo, para construir una gubia muy fina he utilizado las agujas de las máquinas de coser, que coloco en un aparato de metal para darles firmeza y luego afilar cuidadosamente en una piedra fina”.

Destaca en Quijano su prolija actividad en los años 60 y 70 cuando obtuvo reconocimientos como: Medalla de Oro en la Bienal de Leipzig, 1965; Mención de Honor en la Bienal de la Habana, 1970; Primer Premio en la Exposición Panamericana de Artes Gráficas de Cali, 1970; Primer Premio en la II Bienal de Grabado Latinoamericano de San Juan, Puerto Rico, 1972.

Alfonso Quijano. Xilografía

Alfonso Quijano junto a Augusto Rendón, Luis Ángel Rengifo, Carlos Granada y Pedro Alcántara desarrollaron una obra de figuración política que afianzó el grabado como técnica artística en Colombia, en la década de los 70 .

El siguiente texto es escrito por el artista y también grabador, Oscar Cerón, quien fuera alumno del maestro en los años setentas.

Quinto Piso

Alfonso Quijano: Poesía escrita con buriles.

En una planoteca, en el estudio del artista Alfonso Quijano, cargada con obra de su autoría, reposa el conjunto gráfico en xilografía más coherente y amplio ejecutado en el país durante el siglo XX. Quijano literalmente se arma de buriles y gubias en las décadas del 60 y 70, para no soltarlas, y con ellas tallar imágenes que impregna de poética, ironía, dolor, testimonio y ante todo amalgamar, por un lado, la respuesta suya al pensamiento y cavilación internos, y por otro, la visión externa de una cruda realidad: una situación de muerte, pugna burocrática, ejercicio abusivo de los elementos de poder y persecución política en Colombia. En las gavetas se resguarda el producto de un hacer minucioso y paciente, que finalmente persigue una añoranza: el equilibrio en las relaciones sociales. Afirma el artista: “La violencia en los 50´s y 60´s era casi aplastante, era un hecho sumamente contundente, era como un insulto a la gente […], uno no puede deshacerse de lo que tiene adentro, de lo que lo atormenta. El arte es un sistema para comprender la vida, así de transcendental y de importante es.”, y continúa refiriéndose a la crítica: “…siempre estuve aislado de las opiniones, simplemente dejaba fluir mis emociones, no me dejaba condicionar ni limitar por nadie para realizar una obra, sencillamente, me dejaba llevar por mis propios intereses y convicciones.”

La poesía intrínseca en la obra de Quijano va más allá del patetismo que a primera vista evidencia. En ella no desaparece esa conexión con la naturaleza, con la tierra y el ancestro del artista, con el paisaje, que así como él lo ha presenciado, está manchado de sangre y aún ha servido de tumba clandestina a muchos seres que se han atrevido a desafiar a un estado, a un opresor, a un gamonal, al mismo “establecimiento”.

Alfonso Quijano. Xilografía

Son pocas las obras que han hecho camino público fuera de su estudio, pero éstas han sido suficientes para constituirse en íconos para el arte colombiano. Siempre como un reflejo de lo inocultable de la realidad misma, de lo que nosotros nos resistimos a enfrentar, nuestra historia. En Quijano no hay amargura ni resentimientos, siempre tiene a flor de piel un candoroso humor, él es ese niño que se embelesaba con las tiras cómicas, con las cartillas y sus ilustraciones coloreadas, ese niño también víctima del dolor a su alrededor, pero que aun así nos invita a jugar, a dejarnos ir por los vientos llevados por una cometa, en medio de paisajes embrujadores. Nos invita a dar un paso más allá, más no a olvidar, pues para ello quedan sus estampas.

“Sólo espero en un alero, el último empujoncito para volar” concluye el maestro.

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Anunciación. Alfonso Quijano. Xilografía

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La Cosecha de los violentos. Alfonso Quijano. Xilografía

«La Cosecha de los violentos», de Alfonso Quijano


…valles, desiertos, ciudades,
Chingai, Haditha, Chigorodó, Srebrenica…
Los tentáculos del árbol de la muerte quieren cubrirlo todo,

se expanden cual enjambre, llenos de soberbia y poder.
Se mueven ciegamente incapaces de producir sombra alguna.
El árbol de la muerte no tiene hojas, no produce semillas.

Está absorto consigo mismo.
El axioma que encarna es su propia condena.
Hoy deja estelas de muerte, cuerpos

de seres humanos diseminados por doquier.
Voces acalladas que se mezclan con el magma,

capaces de hacer trepidar el subsuelo.
Voces más poderosas que todos los silencios.
La gubia y el buril tallaron la madera,

para reiterarnos la imagen más familiar de lo execrable de la existencia:
el crimen, el asesinato, el exterminio de los propios hermanos,
la muerte violenta.
Ah! La muerte violenta…

Oscar Cerón

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*Oscar Cerón, es Maestro en Bellas Artes -Especialización en Grabado, Universidad Nacional de Colombia. MA The Slade School of Fine Art University College London – Inglaterra. Tiene un reconocido taller de grabado en Bogotá, en donde han realizado obra algunos de los más importantes artistas colombianos entre ellos Augusto Rendón y Antonio Caro, y otros internacionales. Fue durante varios años el presidente de la Asociación de Artistas Gráficos Latinoamericanas (AAGL) y ha sido promotor y curador de muchas exposiciones de grabado, tanto en el país como en Perú, México, Costa Rica, Canadá y Estados Unidos.

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