La Gambeta Estrada: Futbol-poesía. Ilustración JBCubaque-Quintopiso.net
Recordando un golazo histórico
Ahora que estamos en pleno mundial de fútbol, volvemos a recordar el golazo ‘reciente’ de James Rodríguez en el Mundial de Brasil de 2014 y también el más lejano de Freddy Rincón en el mundial de Italia 90. Hoy queremos ponernos a tono para recordar uno de esos golazos que no todos tienen presente pero que para los que lo vieron nunca se les borrará de la memoria. Por eso vale la pena traerlo a la luz nuevamente para que las nuevas generaciones de futbolistas y aficionados vean lo que la genialidad, el atrevimiento y la pasión pueden hacer cuando de jugar y disfrutar el fútbol se trata.
Estamos hablando del ya legendario gol que Carlos Enrique «la Gambeta» Estrada, el excelente jugador tumaqueño de los años 80 y 90, quien, jugando para Millonarios, le marcó al Atlético Nacional, en Medellín, el 4 de diciembre de1988. Este es considerado quizás, el mejor gol de la historia del futbol colombiano. La crónica de la jugada y las consecuencias de su jubilosa celebración, son contadas con lujo de detalles por nuestro colaborador Oscar Domínguez G.
«La Gambeta» Estrada formó parte del equipo colombiano que hizo historia en el Mundial de Italia 90, al clasificar por primera vez a octavos de final, luego de empatar 1-1 contra Alemania, con el también famoso gol de Freddy Rincón en el minuto final del partido.

Para complementar la excelente crónica de Domínguez, y como primicia, les contamos que, haciendo minería en internet, encontramos el registro completo en video de la famosa jugada, realizada por entre cinco jugadores del verde paisa, entre ellos el arquero René Higuita, en ese momento, el mejor arquero de Suramérica, y conservada por un hincha fiel del equipo azul capitalino quien, al parecer, hace parte también de su primera barra brava: Los comandos azules. ¡Golazo!
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«La Gambeta» Estrada en el Paralelo 381
Por Oscar Domínguez Giraldo*
Cuando aquel domingo el prestidigitador de pelo quieto del Club Millonarios, Carlos Enrique ‘La Gambeta’ Estrada, hizo una pequeña obra de arte con el balón para empatar el partido frente al Atlético Nacional, ha debido tomar el primer bus o avión a Tumaco para celebrarlo con sus paisanos. Nunca arrancar para Corea, nombre con el que la cátedra bautizó hace décadas la tribuna popular del estadio Atanasio Girardot de Medellín. ‘La Gambeta’ Estrada en Corea es lasaña en jurisdicción del gato Garfield.
Ese gol de Estrada fue una auténtica filigrana. Tan complicada como debió ser para Da Vinci inventarle a la Gioconda su enigmática sonrisa de mujer satisfecha. O infiel. O ambas cosas.
Menos mal, Estrada contó con la complicidad del trio nacionalista integrado por Leonel Álvarez-Cortina-René Higuita, quienes respetaron su condición de artista y no lo bajaron en plena área. Eso habría significado un desganado empate por la vía fácil del penalti, así el arquero fuera uno tan encopetado como el loco René el del famoso “escorpión” ante los inventores del fútbol, los ingleses en su propio patio.
Los aficionados a este juego “demoníaco y divino”, para decirlo con Madame Margarita Duras, estamos agradecidos con ‘La Gambeta’ pero también con los tres del veeeeerde que facilitaron la acción. Aquella tarde, Estrada se graduó de poeta con los pies. Si hubiera existido entonces el Circo del Sol, lo habrían fichado.
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A los aficionados acaso les interese saber que en la tribuna Corea se daba cita la aristocracia de gallinero de la afición paisa del fútbol. Los manuales aconsejan que si alguien va a ver el partido desde allí, es mejor que vaya confesado y comulgado. Y con el seguro exequial al día.
En esa tribuna, el fútbol adquiere la dimensión de pasión de un pueblo en la semántica de Helenio Herrera. Corea es la patria chica –y la grande- de una afición proletaria, de Sisbén, que se tuesta al sol y al agua, con tal de ratificar su fidelidad sin arrugas por ese esperanto de patadas que es el balompié.
Ahora: ¿Por qué ese segmento del Atanasio, se llama Corea? Elemental, queridos Watsons. Los hay que dan una respuesta desde el erotismo, como diría doña Florence Thomas, y se remontan al decreto 517 expedido en la década de los cincuenta por el alcalde Luis Peláez Restrepo quien ordenó que todos los malabarismos kamasútricos se realizaran en un solo sector: El Barrio Antioquia.

A este movido barrio lo llamaron Corea y tal vez por esa condición de sede del amor caliente, de bombillitos rojos a la entrada de las casas de esas que se reservaban el derecho de admisión, algún cerebro no fugado decidió que así podría denominarse también la tribuna del proletariado en el estadio que lleva el nombre del héroe del Bárbula, don Atanasio Girardot.
Según otros, el origen del nombre es político. En los mismos años cincuenta en ese sector del Atanasio Girardot se daba la guerra de Corea entre los hinchas del Poderoso DIM y los del Nacional. Estos historiadores consideraron que el paralelo 38 –el Ecuador futbolístico- dividía más certeramente las dos barras.
Por estas razones, gritarle el gol a la “torcida” del Nacional en Corea, era tan arriesgado como pisarle sus predios al toro, o mentar la soga en casa del ahorcado. Tal vez aquella tarde de domingo ‘la Gambeta’ entendió que su gol no era patrimonio de Millos, sino de todos los aficionados, del fútbol, en una palabra. Y fue a ofrecérselo a la tribuna de sol, del sol que alumbra para todos.
Pero Corea no respeta pinta y junto con los madrazos, a Estrada le llovió en un ojo una pila lanzada desde la tribuna por un anónimo pitcher. Finalmente, ese espléndido gol de don Carlos Enrique se tuvo que ir a alumbrar a los pueblos, porque Nacional ganó por un marcador que no voy a mencionar porque lo destacable fue ese gol, tan bello como el descubrimiento de una nueva galaxia.

¿Por qué aquel fue un gran gol? Se lo pregunté a uno que sabe de telas y que presenció esa anotación desde primera fila. Me refiero, claro, a su colega de guayos, el maestro Alexis García, jugador y técnico de muchos equipos. Le cedo los trastos de narrar al muchacho que aprendió el ABC del fútbol en el barrio La Floresta de Medellín:
“El gol de ‘la Gambeta’ es de los más hermosos que he visto: recibe el balón entrando al área entre Leonel y Cortina, levanta la pecosa y se la pone en un nidito de pelos que tenía en su desentejada cabeza, donde los pelos empezaban a escasear. En la parte superior de la frente la durmió, apacible, por unos instantes eternos. Carlos la conducía lentamente hacia el arco del loco René (Higuita) que por primera vez lucía espantado, con los ojos desorbitados, sin saber qué hacer. Había aparecido ante sus ojos uno más loco que él, un atrevido carasucia que creyó estar en un peladero de su natal Tumaco, con licencia para hacer genialidades que solo se encuentran en la imaginación de unos pocos. El resto de nuestro equipo miraba con admiración y respeto. Leo y Cortina lo miraban pensando cómo bajar la pelota de ese nido. Cuando ‘La Gambeta’ llega a las barbas de René, la deja caer y con su empeine derecho ¡tas! la coloca en un rincón y sale raudo a Corea a celebrar. Con pilas intentan bajarle aquel nido adonde subió a mejorar su curriculum la pecosa. La sangre corría por la cabeza de Carlos; en realidad se trataba de una herida de guerra luego de la gran gesta. Admirable”.
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- El paralelo 38 es el límite que divide actualmente la península de Corea, entre Corea del Norte y Corea del sur y que fue demarcado en 1953, luego de la guerra de secesión.
*Óscar Domínguez Giraldo, nació en Montebello, Antioquia en 1945. Casado, dos hijos, cuatro nietos. Ajedrecista de corazón y periodista por vocación; se considera «bogoteño» por haber vivido la mayor parte de su vida profesional trasegando sus calles. Fue redactor político, jefe de redacción y director de la Agencia de noticias Colprensa. También tecleó para La República, El Espacio y la agencia de noticias CIEP. En radio trabajó en los noticieros de Todelar, RCN, Súper y el GRC. Fue corresponsal de la Voz de Alemania-DW y Radio Francia Internacional-RFI. Escribe semanalmente la Columna Desvertebrada para El Colombiano, de Medellín, y cada quince días la columna Otraparte, en El Tiempo. De estas columnas ya han surgido seis libros …y esperen más. Fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo CPB 2024 por su vida y obra.
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