Bebé adoptada – La niña genio, «pero negrita» – Amistades non santas – La religión y el yoga zen – Sus maestros – Su carrera –

«Mi negra tiene un meneo que no cabe por la calle, Mueve el tacón y la punta del zapato y ese baile derrama tantas fragancias que no caben en el aire.»

Alheña y azúmbar – Jaime Jaramillo Escobar

A propósito de los 80 años de Teresita Gómez, y como aporte a esta celebración, recuperamos un texto en dos partes que dimos a conocer hace un tiempo, sobre la vida de esta extraordinaria artista colombiana, que continúa activa como pianista y como docente; de hecho participó a comienzos del año, en el Festival de Música de Cartagena, junto a la Filarmónica de mujeres. Hoy publicamos la primera parte. Incluye además, una sentida entrevista, que hace parte de la serie «Aprendemos Juntos 2030» del BBVA, realizada en 2023 y que resalta la vida de personas que han aportado a sus comunidades en diferentes áreas. Conocimos también que, como homenaje a su contribución a la cultura antioqueña, tres vagones del Metro de Medellín llevan su nombre y su historia. Merecido honor

Quintopiso

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Teresita Gómez (Medellín, 1943), ha tenido una vida llena de contrastes como las teclas de su instrumento, que le han formado su carácter fuerte e indomable, en contraposición a la suavidad con que acaricia el piano cuando toca a Chopin, a Mozart o a Luis A. Calvo.

Y esos contrastes comienzan desde el mismo inicio de su vida, pues su madre biológica la entregó por no sentirse capaz de criarla. Felizmente fue adoptada por una modesta pareja de celadores que la acogió, le dio amor, nombre y apellido. Desde muy pequeña mostró interés por el piano por estar inmersa en ese ambiente artístico, al ser la hija del celador del Palacio de Bellas Artes de Medellín. Pero por su condición humilde, sus padres adoptivos no podían costearle los estudios de música.

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No obstante, para superar ese segundo obstáculo se le apareció un ángel, Marta Agudelo, quien al encontrarla de casualidad una noche tocando las melodías que escuchaba a escondidas en las clases de día, en el piano de cola de la institución, llegó solidaria, a darle sus primeras clases, también a escondidas, cuando sólo contaba con cuatro añitos.

Teresita niña tocando el piano en el Palacio de Bellas Artes de Medellín.

Pero por ser “negrita blanqueada” -porque su mamá no concebía que fuera negra- los muchachos de la sociedad paisa de entonces -mestizos reconvertidos en «blancos»-, que estudiaban en la escuela, no la aceptaban, pero sobre todo, no soportaban que los superara, no soportaban su genialidad, y pretendían menospreciar su talento al mencionar que «el color de su piel no concordaba con la música que tocaba». Pero las críticas eran también de sus propios congéneres quienes le decían que “actuaba lejos de los principios de su raza” por no tocar bullerengues, porros o cumbias y sí a los clásicos europeos. “El racismo al revés” como ella misma comenta.

En la adolescencia, su desarrollo intelectual fue formado por esos contrastes. Y, como lo describe Alexander Klein en el texto que sobre su vida escribió para la presentación del homenaje que en su honor hizo el Teatro Colsubsidio hace tres años:

Teresita Gómez inició su vida musical desde muy temprana edad. Foto Biblioteca Pública Piloto. Medellín

“No es casualidad que antes y después de su adolescencia, Teresita encontrara consuelo y amistades en personas de sectores sociales igualmente marginados y discriminados; los mismos que acogían a los pintores, los actores, los poetas nadaístas, los músicos de taberna, las trabajadoras sexuales y un sinnúmero de personajes, pobres en apariencia pero ricos en intelecto, que la marcaron de por vida.

Renegó del catolicismo cuando supo que no la aceptaban como estudiante donde las monjas carmelitas, a donde quería estudiar porque «le encantaba la falda café a cuadros del uniforme»; la razón: ser negra. A los 25 años, y después de leer un artículo sobre yoga de Claudio Arrau (sí, el gran pianista chileno) en el que mencionaba que «el pasado hay que dejarlo, el futuro no existe y hay que ubicarse de lleno en el presente», comenzó a practicar la meditación zen; y encontró al grupo Self Realization Fellowship y a Bhakti Yogui, el camino del amor. Este cambio la ayudó a mantenerse en pie sobre todo cuando murieron sus padres y cuando tuvo una crisis existencial por las críticas despiadadas que le hacían.

Fueron sus maestros después de Marta Agudelo y Anna María Penella en Bellas Artes, Tatiana Goncharova en la Universidad Nacional y luego Harold Martina en el Conservatorio de la Universidad de Antioquia, en donde Teresita obtuvo el grado de Concertista y Profesora de Piano con la máxima distinción académica: Summa Cum Laude.

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Hizo parte del Conjunto Colombiano de Música Contemporánea, así como del Trío Frank Preuss, y del Quinteto de Bogotá; fue pianista de la Ópera de Medellín y de la Ópera de Colombia. Teresita a estado presente en los más importantes acontecimientos musicales de Colombia por ser una abanderada de la música y músicos colombianos tanto clásicos como populares. Estuvo cuatro años de agregada cultural en la Embajada de Colombia en República Democrática Alemana durante la presidencia de Belisario Betancur, quien la conocía desde pequeña y sabía de su trayectoria. Este tiempo lo aprovechó para confrontarse en otros escenarios más exigentes en toda Europa. Gómez es desde hace más de 25 años docente y referente musical en el Conservatorio de la Universidad de Antioquia. (Continúa)

Segunda Parte: Segregación – Casi renuncia a su pasión por una operación –  Los compositores que le fascinan – La música es una sola – «Soy un toro que merece ser indultao».

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*John Brian Cubaque Rey (1954) Ex periodista gráfico de la revista Semana y de la Agencia nacional de noticias CIEP. Diseñador gráfico, especializado en diseño editorial y docente universitario. Actualmente es editor de quintopiso.net, revista virtual dedicada al bienestar, respeto y empoderamiento de personas mayores de 50 años.

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