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Salud mental comunitaria: tejiendo redes de cuidado para el bienestar mayor

En Colombia, factores como la pobreza, la violencia, el envejecimiento poblacional y la falta de redes de apoyo en muchos territorios, aumentan el riesgo de aislamiento social y deterioro emocional. En ese sentidol el enfoque de salud mental comunitaria puede desempeñar un papel fundamental en el bienestar emocional, la prevención de la soledad social y el acompañamiento a quienes atraviesan momentos difíciles. Ciudades compasivas
Quinto Piso 14/09/2026 8 min de lectura
Art Krty Prtd

Mejor salud mental. Ilustración JBCubaque-Quintopiso.net

«La comunidad tiene la capacidad de sanar muchas cosas que a veces la vida y la distancia entre las personas van debilitando. Cuando nos encontramos, nos escuchamos y nos cuidamos entre vecinos, también estamos cuidando nuestra salud mental.»

María Pájaro Líder comunitaria —
Comunidad de Cuidado, barrio Boston, Cartagena

Por Deiry Martelo Puerta y María Eugenia Martínez Madera*

La salud mental: un desafío creciente para las comunidades

La salud mental es un componente fundamental del bienestar humano. Se refiere a la capacidad de las personas para afrontar las tensiones de la vida cotidiana, mantener relaciones significativas y participar activamente en la vida social.

Sin embargo, en los últimos años los problemas de salud mental se han convertido en uno de los principales desafíos de salud pública en el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2022) estima que una de cada ocho personas vive con algún tipo de trastorno mental, mientras que millones experimentan situaciones de soledad, estrés o aislamiento social que afectan profundamente su bienestar emocional.

En Colombia, este panorama se refleja en múltiples territorios donde las condiciones sociales, económicas y familiares influyen directamente en la salud mental de las comunidades. Factores como la pobreza, la violencia, el envejecimiento poblacional y la falta de redes de apoyo aumentan el riesgo de aislamiento social y deterioro emocional (Quitián et al., 2016; Ministerio de Salud y Protección Social, 2024).

En ciudades como Cartagena, donde conviven profundas desigualdades sociales, se hace cada vez más evidente la necesidad de desarrollar estrategias que acerquen el cuidado emocional a los barrios y a la vida cotidiana de las personas.

Tejiendo redes de cuidado: la salud mental desde la comunidad

Durante muchos años, la salud mental fue abordada principalmente desde servicios clínicos o especializados. No obstante, cada vez existe mayor consenso en que el bienestar emocional no depende únicamente del sistema de salud, sino también del entorno social en el que viven las personas.

El enfoque de salud mental comunitaria propone reconocer que la comunidad puede desempeñar un papel fundamental en la promoción del bienestar emocional, la prevención de la soledad social y el acompañamiento a quienes atraviesan momentos difíciles, particularmente las personas de +60.

La comunidad puede desempeñar un papel fundamental en la promoción del bienestar emocional. Foto CCC Cartagena

Cuando las personas cuentan con redes de apoyo, vínculos de confianza y espacios de encuentro comunitario, tienen mayores recursos para afrontar las dificultades de la vida.

En este sentido, fortalecer el tejido social se convierte en una estrategia clave para mejorar la salud mental colectiva.

Comunidades de Cuidado Compasivo: una apuesta por el bienestar colectivo

La Fundación Keralty, a través de su programa Colombia Contigo Ciudades Compasivas, ha venido impulsando en el país la iniciativa de Comunidades de Cuidado, una apuesta orientada a fortalecer la capacidad de los barrios para acompañar y responder a las necesidades socio-comunitarias de sus habitantes.

El proyecto de Comunidades de Cuidado Compasivo (CCC) se configura como una estrategia territorial que busca fortalecer el capital social, activar redes comunitarias y promover procesos de autogestión, permitiendo que las propias comunidades identifiquen y respondan de manera colectiva a las necesidades de cuidado presentes en su entorno.

El programa parte de una idea simple pero transformadora: el cuidado no es solo responsabilidad del sistema de salud; también es una capacidad que puede cultivarse en la comunidad.

A través del trabajo con líderes comunitarios, organizaciones sociales y vecinos, se promueve la identificación de personas que requieren acompañamiento, especialmente aquellas que viven situaciones de soledad, enfermedad o fragilidad social. Entre las acciones que se desarrollan se destacan:

  • Formación comunitaria en cultura del cuidado
  • Fortalecimiento de redes de apoyo barriales
  • Identificación de personas en situación de aislamiento social
  • Espacios comunitarios de escucha y acompañamiento
  • Articulación con instituciones sociales y de salud

Estas estrategias permiten que el cuidado deje de ser una tarea individual para convertirse en un compromiso compartido entre la comunidad.

El acompañamiento comunitario, la escucha y la solidaridad son herramientas fundamentales para prevenir el aislamiento social en mayores. Foto: CCC Cartagena

Cuando la comunidad cambia la historia de una persona

Las redes de cuidado no solo generan impacto a nivel colectivo; también transforman la vida de las personas que participan en estos procesos.

Uno de los testimonios en el territorio se presentó en la ciudad de Cartagena, en la Comunidad de Cuidado del barrio Boston en Cartagena, donde se reconoció la situación de una persona mayor con movilidad reducida que vivía solo y había disminuido significativamente su contacto social. La ausencia de redes de apoyo cercanas había generado un progresivo aislamiento que impactaba negativamente su bienestar emocional.

A partir de la activación de la comunidad de cuidado en el barrio, vecinos, líderes comunitarios e instituciones comenzaron a involucrarse en su acompañamiento. Las visitas periódicas, los espacios de conversación y el simple hecho de sentirse tenido en cuenta permitieron que esta persona empezara a reconectarse con su entorno social y a recuperar progresivamente su sentido de pertenencia.

Experiencias como esta evidencian que, en muchos casos, el primer paso para fortalecer la salud mental no necesariamente comienza en un tratamiento clínico, sino en la reconstrucción de los vínculos humanos que sostienen la vida cotidiana. El acompañamiento comunitario, la escucha y la solidaridad se convierten así en herramientas fundamentales para prevenir el aislamiento social y promover el bienestar emocional en las personas.

Historias que muestran el poder del cuidado

Las comunidades que participan en estos procesos suelen expresar el impacto del cuidado en sus propias palabras. Una integrante de una comunidad de cuidado lo describe así:

«Antes uno se sentía solo con sus problemas. Ahora sabemos que hay vecinos y líderes pendientes de nosotros. Eso le cambia a uno el ánimo.»

Otro líder comunitario señala:

«Cuando empezamos este proceso entendimos que cuidar también es preguntar cómo está el otro. Hoy la comunidad está más unida.»

Para muchas personas mayores, estos espacios representan la oportunidad de volver a sentirse parte de algo.

«Aquí aprendimos que todos podemos cuidar. A veces una visita o una conversación pueden alegrarle el día a alguien.»

Estos testimonios reflejan que el cuidado comunitario no solo atiende necesidades sociales, sino que también fortalece la salud mental al generar confianza, vínculos y sentido de pertenencia.

Hacia comunidades más compasivas

En un contexto social marcado por múltiples desafíos —desigualdades, transformaciones familiares, envejecimiento poblacional y cambios en las formas de relación entre las personas— surge con fuerza la necesidad de construir comunidades más solidarias, capaces de reconocer el valor del cuidado como un elemento central para la vida colectiva.

Las comunidades compasivas representan precisamente esa posibilidad: territorios donde las personas se reconocen mutuamente, se acompañan en los momentos de dificultad y asumen el cuidado como una responsabilidad compartida. Más que una iniciativa puntual, se trata de una forma distinta de comprender la vida en comunidad, en la que el bienestar de cada persona se entiende como parte del bienestar colectivo.

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Realizar actividades como campañas sociales de beneficio común, ayudan a la integración con la comunidad. Foto: CCC Cartagena

En este enfoque, la compasión no se limita a un sentimiento individual, sino que se traduce en acciones concretas de solidaridad, acompañamiento y corresponsabilidad. Se expresa en gestos cotidianos como visitar a una persona mayor que vive sola, escuchar a quien atraviesa un momento difícil o simplemente estar presente cuando alguien lo necesita.

Cuando estas prácticas comienzan a formar parte de la cultura de un barrio o de una comunidad, se generan transformaciones profundas en la forma en que las personas se relacionan entre sí. Los vínculos se fortalecen, la confianza crece y el sentido de pertenencia se hace más visible en la vida cotidiana.

Las experiencias que hoy se desarrollan en diferentes territorios del país, muestran que las comunidades tienen una enorme capacidad para convertirse en espacios de cuidado y protección social. A través de procesos participativos, formación comunitaria y redes de apoyo, es posible construir entornos donde el cuidado deje de ser una responsabilidad individual para convertirse en un compromiso colectivo.

«Una comunidad compasiva no es aquella donde no existen dificultades, sino aquella donde nadie tiene que enfrentarlas en soledad.«

En este sentido, las Comunidades de Cuidado impulsadas en distintos barrios representan una oportunidad para repensar la manera en que se aborda la salud mental en los territorios. No se trata únicamente de responder a situaciones de vulnerabilidad, sino también de fortalecer los vínculos sociales que sostienen la vida comunitaria.

Frente a realidades donde muchas personas enfrentan la vida con pocas redes de apoyo, promover comunidades compasivas significa abrir caminos hacia formas más inclusivas y humanas de convivencia.

Cuidar es construir comunidad

Hablar de salud mental comunitaria es reconocer que el bienestar emocional no se construye únicamente en los servicios de salud ni en los espacios clínicos especializados. También se construye en los barrios, en las familias y en las relaciones cotidianas que dan forma a la vida social de las personas.

Las comunidades tienen un enorme potencial para convertirse en entornos de cuidado, donde la escucha, la solidaridad y la cercanía se transforman en herramientas fundamentales para promover el bienestar emocional. Un saludo, una visita, una conversación o el simple hecho de saber que alguien está pendiente pueden marcar una diferencia significativa en la vida de una persona.

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«Cuidar al otro también es una forma de cuidar la vida en comunidad. Y cuando una comunidad aprende a cuidarse, también aprende a sanar y a ser más solidaria.«

En este sentido, las iniciativas de comunidades de cuidado demuestran que se puede convertir en una práctica que fortalece los vínculos sociales y promueve entornos más humanos y solidarios. Cuando los vecinos se organizan, se reconocen y se acompañan, no solo responden a necesidades individuales, sino que también construyen redes de apoyo capaces de sostener a quienes atraviesan momentos de dificultad.

Así, el cuidado comunitario se convierte en una herramienta poderosa para promover la salud mental, prevenir situaciones de soledad, fortalecer el sentido de pertenencia en los territorios y permite vivir con mayor dignidad, seguridad y esperanza.

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*Deiry Martelo Puerta es Coordinadora del programa Cartagena Contigo, Ciudad Compasiva.
María Eugenia Martínez Madera es Promotora comunitaria del programa Cartagena Contigo, Ciudad Compasiva.

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