Por: Wilder Mendoza Arias*
A lo largo de nuestra vida, todos hemos tenido a alguien cercano que, por distintas razones, nos ha marcado el camino. No necesariamente una persona con un cargo o reconocimiento formal, sino alguien que, desde lo cotidiano, nos enseñó que el cuidado, la empatía y el amor tienen el poder de transformar realidades.
Ese tipo de liderazgo rara vez ocupa titulares, pero deja huellas profundas y duraderas. Yo tuve la fortuna de conocerlo desde niño. No en un aula ni a través de un discurso, sino en la vida misma, en los pequeños gestos que terminan siendo los más grandes. Así recuerdo a Bertilda, mi abuela.
Ejemplo mayor
Cada tarde, mientras yo observaba en silencio, ella preparaba alimentos con una dedicación especial, no solo para la familia, sino también para compartirlos con personas en situación de vulnerabilidad. Para mí, aquello era mucho más que una rutina: era una lección viva de humanidad. Sin saberlo, sembró en mí una forma de entender la vida: el verdadero liderazgo no se impone, se vive; y cuidar a otros es una manera de transformar el mundo.
La veía salir con las manos llenas y regresar con el corazón aún más lleno. Su mayor recompensa no era lo que entregaba, sino las sonrisas que recibía, la gratitud sincera y los vínculos que construía con cada persona.

Ese mismo espíritu sigue vivo hoy en muchas personas mayores, cuyo liderazgo ha permanecido durante años silencioso e incluso invisibilizado. En una sociedad que suele privilegiar lo inmediato y lo productivo, con frecuencia se subestima el valor de la experiencia, la sensibilidad y la capacidad de acompañar.
Lejos de los estereotipos de fragilidad, las personas mayores son portadoras de sabiduría, memoria y humanidad. Han enfrentado pérdidas, superado dificultades y aprendido a reconstruirse. Conservan intacta la capacidad de escuchar, comprender y sostener a otros. Su liderazgo se expresa en la calma, en la palabra oportuna y en la presencia que acompaña cuando todo parece tambalear.
Además, cumplen un papel fundamental como puente entre generaciones. A través de sus historias y valores conectan el pasado con el presente, ofreciendo aprendizajes que ayudan a construir el futuro. En una época marcada por el individualismo y la desconexión, su presencia fortalece vínculos y devuelve sentido de pertenencia.
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Cada tarde, mientras yo observaba en silencio, ella preparaba alimentos con una dedicación especial, no solo para la familia, sino también para compartirlos con personas en situación de vulnerabilidad. Para mí, aquello era mucho más que una rutina: era una lección viva de humanidad. (…) Sin saberlo, sembró en mí una forma de entender la vida: el verdadero liderazgo no se impone, se vive; y cuidar a otros es una manera de transformar el mundo.
Bertildas cuidadoras
En ciudades como Santa Marta, este liderazgo ha encontrado un espacio para hacerse visible y multiplicarse. Allí, el cuidado ha dejado de ser una tarea individual para convertirse en un compromiso compartido. Personas mayores, en su mayoría mujeres, han asumido un rol activo en sus comunidades, liderando desde el afecto, la empatía y el deseo genuino de acompañar a otros.
Muchas “Bertildas” continúan haciendo lo que han hecho gran parte de sus vidas: cuidar. La diferencia es que ahora, a través de las Comunidades de Cuidado Compasivo, ese cuidado se fortalece y se multiplica en red. Actualmente, cerca de 145 personas participan activamente en estas comunidades, desarrollando acciones de acompañamiento, identificando necesidades y promoviendo iniciativas para reducir la soledad y el aislamiento social.

Organizan visitas a quienes viven solos, crean espacios de encuentro, apoyo mutuo, y movilizan a sus vecinos para responder de manera solidaria a las necesidades de otros. Su liderazgo no se basa en la autoridad formal, sino en la confianza, la cercanía y la credibilidad construidas a lo largo de los años.
Los resultados de este trabajo se reflejan en historias como la de Virginia quien tras la pérdida de su hija, pasó años sumida en una profunda tristeza y aislamiento. Nada parecía aliviar su dolor hasta que encontró en la Comunidad de Cuidado Compasivo un espacio donde fue escuchada, acompañada y sostenida por el afecto de otras personas. Hoy es una líder comunitaria que brinda a otros la misma solidaridad que recibió. El dolor por la ausencia de su hija permanece, pero ya no lo enfrenta sola: está acompañada por una red de cuidado que transformó su soledad en esperanza y el sufrimiento en servicio.
Historias como la suya muestran que el cuidado comunitario no elimina las dificultades de la vida, pero sí puede hacerlas más llevaderas. Cuando las personas encuentran apoyo, escucha y compañía, descubren también nuevas razones para seguir adelante y ayudar a otros.
Este trabajo solidario ha fortalecido los vínculos entre vecinos, aumentado la participación comunitaria y reducido la soledad. Pero su mayor impacto está en lo humano: la esperanza que renace, las conversaciones que reconfortan y las redes de apoyo que se tejen día a día. Igualmente valiosa ha sido la articulación entre comunidad e instituciones, demostrando que cuando el cuidado se asume de manera compartida, se construyen entornos más solidarios, conscientes y sostenibles.
Hoy el reto es reconocer y fortalecer este liderazgo silencioso que sostiene comunidades enteras. Además de incluir a las personas mayores, debemos valorarlas como actores clave de la transformación social.
Al mirar atrás, entiendo que todo comenzó viendo a mi abuela cuidar sin esperar nada a cambio. Y al encontrar ese mismo espíritu en tantas personas, confirmo que esa semilla sigue viva.
La verdadera transformación no siempre hace ruido. A veces nace en una visita, una conversación o un gesto sencillo capaz de cambiar una vida. Es ahí, en ese liderazgo profundamente humano, donde se construye el futuro que necesitamos.
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Fuentes y referencias
*Líder del Programa Ciudades de Cuidado Compasivo en Santa Marta. Este artículo hace parte de la colaboración solidaria entre Quintopiso.net y el Programa nacional «Colombia Contigo: Ciudades de Cuidado Compasivo» (CCC) de la Fundación Keralty.
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