Coronavirus, Textos prestados.

Para continuar con nuestra serie, en esta ocasión, traemos al reconocido periodista Daniel Samper Pizano. Éstos escritos de opinión están relacionados con la situación excepcional que vivimos a causa del coronavirus. Han sido publicados en otras revistas, periódicos, blogs o redes sociales, algunos de personas muy conocidas y otras no tanto, que tocan el tema de una manera reflexiva pero más relajada y agradable, no exenta de crítica, cada uno con una perspectiva diferente.  

Buscamos que los escritos seleccionados honren los principios básicos de nuestro sitio —quintopiso.net—, es decir, bienestar, ejemplo vital, buena vibra emocional; que sean también, un espacio de diversidad, exaltación de valores, sentido positivo de la vida, y que no falte, por supuesto, el humor. Esperamos que sean de su agrado.

Daniel Samper Pizano (1945) es uno de los maestros del periodismo no solo colombiano sino de latinoamérica. Columnista, guionista de series de Tv (“Dejémonos de Vainas”, basado en un libro suyo, es una de ellas) y escritor prolífico con más de 25 títulos. En 1976, creó la Unidad investigativa en el periódico El Tiempo, en Colombia, en la que dejó al descubierto muchos casos de corrupción y malos manejos presupuestales que incomodaron a muchos, razón por la cual tuvo que emigrar a España con su familia en 1986, debido a las amenazas. Miembro de la Real Academia de la Lengua; editor y columnista de la revista Cambio 16 de España y habitual colaborador de revistas como El Malpensante, Gatopardo y Semana, así como del grupo humorístico-musical argentino Le Luthiers. Sus escritos tienen siempre un toque humorístico que los hace fluidos y agradables.

Saliendo de su auto-retiro, Daniel Samper Pizano volvió a las lides periodística y se unió a Daniel Coronel y Daniel Samper Ospina, “renunciados” de la revista Semana y a partir de mayo hace parte de “Los Danieles”, espacio de opinión independiente de donde traemos prestada su más reciente columna.

Su escrito da cuenta del tratamiento que están dando los gobiernos -particularmente el de Colombia-, a los adultos mayores, que con la idea de “protegerlos”, poco tienen en consideración que una gran mayoría no hace parte del denominado “grupo de riesgo”, es decir que no tienen o padecen los síntomas asociados con el Covid-19. Como bien lo dice Daniel:  “¿No ha pensado nuestro gobierno que es posible tener más de 70 años y ser sano, activo, productivo y de buen ver?” “A numerosos fallecidos en ancianatos (en España) los mataron la pobreza y el hacinamiento, no la edad.”

Como el principal problema es la ocupación de camas y respiradores en las UCI y su alto costo -la economía siempre sobreponiéndose a la vida-, dice que renuncia a un cupo en estas zonas de emergencia y sentencia, con sorna y con razón: “Prefiero menos vida con más vida en vez de más vida con menos vida”. Disfruten de esta excelente pluma que afortunadamente regresa.

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La Jaula Los Abuelos*

Por Daniel Samper Pizano

10/05/20

Daniel Samper Pizano: los mayores seguimos en el desván al que nos mandó el presidente con máximo afecto. Foto: La FM

La tía Sarita era seca, impedida y silenciosa. A los 92 años, sus sobrinos la sacaban al patio por turnos para que tomara aire puro y viera los pajaritos. Por la noche la metían. Cierto puente, a causa de una letal confusión, el sobrino que debía guardarla se fue de viaje y al volver encontró a la tía Sarita convertida en témpano de hielo. Su alma gozaba ya del Señor. Quizás esta historia no pasa de ser una leyenda, pero vale como metáfora para contar lo que sucede en Colombia. El pasado 17 de marzo, con amor admirable, el presidente Iván Duque señaló que era preciso “proteger a los abuelos” y ordenó que “hasta el 31 de mayo, todos los adultos mayores de 70 años deberán permanecer en sus hogares”. Desde entonces estamos enjaulados por decreto. Se legisla a diario y con detalle sobre la pandemia: el pico y cédula, las horas de ejercicio, las de compras, los días de salida de las mujeres, los hombres y los transgéneros; los horarios para que los niños jueguen, los adultos caminen, los bancos gestionen y, dos veces al día, los perros caguen… (¡Qué detallazo! En la próxima plaga me pido ser perro).

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Como nos ven, nos tratan

Mientras tanto, los mayores seguimos en el desván al que nos mandó el presidente con máximo afecto. Muchas gracias, hombre, pero debo decir como en el bolero: “¡Ay, Iván, ya no nos quieras tanto!”. Soy sincero: no creo que sea culpa de él. Duque solo refleja la actitud de una sociedad egoísta. Durante milenios, los viejos fueron parte de la riqueza de un país. Job lo advertía en la Biblia: “En los ancianos está el saber”. Griegos, espartanos, egipcios, japoneses, chinos e indígenas acudieron siempre a sus mayores en busca de experiencia, conocimiento, sabiduría… Pero el capitalismo impuso una nueva escala de valores: había que producir, consumir y enriquecerse. Y como los viejos consumimos poco y producimos menos, nos remiten al archivo y el olvido.

¿No ha pensado nuestro gobierno que es posible tener más de 70 años y ser sano, activo, productivo y de buen ver?

La prueba es que el país no sabe bien cómo denominarnos ni cuántos somos. Pasamos, oficialmente, de ancianos a miembros de la Tercera Edad, Adultos Mayores y abuelos. ¿En qué momento ocurre el trágico suceso que nos degrada de mariposas a orugas, de ciudadanos a abuelitos? Según el Ministerio de Salud, a los 60 años; según el DANE, a los 65; la Presidencia nos guarda a los 70. Así es difícil precisar números. El último censo señala que el 9.1 por ciento de los 48 millones de colombianos supera los 65 años. Es decir, algo más de 4 millones y algo menos de 5. Pero el problema no es la aritmética sino el enfoque. Las páginas del DANE representan a los niños con dos muñequitos radiantes; a los adultos menores, con una pareja fuerte y esbelta; y a los mayores con dos viejecitos jorobados que se apoyan en un bastón. Así nos ven. Y así nos tratan. Pero esa imagen solo corresponde a una respetable minoría. Ya que el porcentaje de adulticos aficionados al aguardiente y al cigarrillo supera al de ancianos inválidos, el DANE, para conservar el equilibrio, podría dibujar una botella en la mano del muñeco cuarentón y un chicote en la boca de su pareja. Por menos, “la rebelión de las canas” obligó al gobierno francés a recular y en Argentina protestan porque “a los viejos los tratan como estúpidos”. La káiser Angela Merkel proclamó: “Aislar los ancianos para recuperar la normalidad es éticamente inaceptable”.

Menos cariño y más sensatez

¿No ha pensado nuestro gobierno que es posible tener más de 70 años y ser sano, activo, productivo y de buen ver? ¿A qué científicos llamó Duque al estallar la pandemia? A Manuel Elkin Patarroyo (73 años) y Rodolfo Llinás (85). ¿Sabe él que son octogenarios Sofía Loren, Jane Fonda, Alain Delon y Sean Connery? ¿Y también Pepe Mujica, el Papa, Elena Poniatowska, Clint Eastwood y Doris Lessing? ¿Ha visto a Mario Vargas Llosa (84), que escribe más y es más simpático desde que se emparejó con una sardina de 69 años?

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Menos cariño y más sensatez, por favor. ¿Quiénes aconsejaron esta condena al sedentarismo? ¿Un comité de gerontólogos, o los ya acostumbrados amigotes y condiscípulos? ¿Qué juristas aprobaron conculcarnos los derechos que ejercen los demás? Según la ciencia, los mayores no contagiamos más que el resto, pero somos más vulnerables. Es sólo relativamente cierto. A numerosos fallecidos en ancianatos los mataron la pobreza y el hacinamiento, no la edad. Nuestros protectores más cerebrales nos enjaulan para que no acabemos ocupando una cama de la UCI que merece un joven con mejor futuro. Como no quiero vegetar ni competir por un respirador, tengo una propuesta. Hace años suscribí un papel en el que exijo una muerte digna y rechazo innecesarios paliativos. Estoy dispuesto a firmar que también renuncio a un cupo en la UVI a cambio de que me reconozcan sin demora los derechos de los demás ciudadanos. Tengo 74. Prefiero menos vida con más vida en vez de más vida con menos vida. Llegado el momento, que me recuesten en cualquier cama y me dejen recordar tranquilo lo que he vivido. Y de ahí en adelante, que me ayude la tía Sarita…

*Los Danieles: https://losdanieles.com/?p=322