Por John Brian Cubaque*

Considerada la mejor canción del siglo XX en Colombia en una encuesta nacional realizada en el año 1999, el bello vals criollo “El camino de la Vida” del maestro Héctor Ochoa Cárdenas (Medellín 1934), estuvo por encima de “La casa en el aire” de Rafael Escalona, “Espumas” de Jorge Villamil, “Pueblito viejo” de José A. Morales, “La piragua» de José Barros o “Colombia tierra querida” de Lucho Bermúdez, entre otras, tan arraigadas y queridas también por todos. 

“El camino de la Vida” es ante todo la historia de la familia y un homenaje al amor, resaltado en todas sus dimensiones: el amor de madre “…un ángel nos depara sus cuidados, mientras sus manos tejen una esperanza”, el amor fraterno, el amor de hombre (mujer), el amor por los hijos, y el amor de toda la vida: “…Es por eso amor mio que te pido, por una y otra vez, si llego a la vejez, que estés conmigo”. Es un himno a la vida

De prisa como el viento van pasando, 

los días y las noches de la infancia, 

un ángel nos depara sus cuidados, 

mientras tejen sus manos las distancias.

El Compositor Héctor Ochoa Cárdenas

El maestro Héctor Ochoa Cárdenas “parió” su canción insignia a los 52 años, y en tan sólo 12 horas de un domingo, porque el trabajo le copaba sus días laborables. Se estrenó en Carmen de Viboral el 19 de noviembre de 1986 en interpretación del dueto Arboleda y Valencia. Desde entonces, su recorrido ha sido vertiginoso y nos ha acompañado y acompañará a las siguientes generaciones, por la profundidad de sus reflexiones, el sentimiento que generan y el suave y pegajoso ritmo. 

Es un repaso de la vida, una canción que nos invita a ser realistas y consecuentes con cada una de las etapas que vivimos. Somos porque tenemos la posibilidad de experimentar y aprender con los golpes y las caídas, con los amores y los sufrimientos. Cuando nacemos hacemos parte de una familia y ese cordón nos une de por vida con los padres, hermanos, tíos, primos, abuelos, que nos preceden y con hijos y nietos que serán parte de esa fuerza que nos empuja y nos anima a seguir adelante. 

Después llegan los años juveniles,

los juegos, los amigos, el colegio, 

el alma ya define sus perfiles,

de pronto el corazón comienza a cultivar 

un sueño. 

Héctor Ochoa inició su vida musical a los 15 años a escondidas de su padre, el también compositor Eusebio Ochoa, quien le recomendó no escogerla como su profesión porque eso significaba “estudiar para ser pobre” por la poca o casi nula retribución que desde su época se daba a los músicos en Colombia. Haciéndole caso a su padre, convirtió a la música en su pasión mientras desarrollaba su carrera en la banca.

Y brotan como un manantial, 

las mieles del primer amor, 

el alma ya quiere volar 

y vuela tras una ilusión,

y aprendemos que el dolor y la alegría 

son la esencia permanente de la vida. 

Y luego cuando somos dos, 

en busca de un mismo ideal, 

formamos un nido de amor, 

refugio que se llama hogar. 

Y empezamos otra etapa del camino:

un hombre, una mujer, 

unidos con la fe y la esperanza.

Con María Stella Lalinde “formaron un nido de amor”, ella es quien lo ha acompañado desde entonces en su trasegar por la vida y ha sido su musa y la destinataria de muchas de sus composiciones. “Bendito nuestro amor” fue la primera canción que le dedicó y con la que la convenció para casarse con él. Con “Tú, lo mejor de todo” confirma ese esfuerzo que significó lograr ese amor del que se siente orgulloso y que además fue su regalo de bodas de plata: “Te juro que lo mejor de todo fue haberte conquistado y ganarme tu querer”

Los frutos de ese amor, que Dios bendijo, 

alegran el hogar con su presencia, 

a quien se quiere más, si no a los hijos, 

son la prolongación de la existencia.

Con ella formaron un hogar ejemplar del que nacieron sus cuatro hijos, uno de los cuales estuvo compartiendo con Juanes cuando juntos hacían parte del grupo Ekimosis. Otra de sus hijas, quizás la más ingrata, es la música, que más allá del reconocimiento social por su extraordinaria composición, poca retribución le suministra.

Después cuantos esfuerzos y desvelos 

para que no les falte nunca nada 

para que cuando crezcan lleguen lejos 

y puedan alcanzar esa felicidad 

tan anhelada.

Ochoa ha compuesto decenas de canciones que han interpretado otros artistas muy conocidos y populares, el más importante de ellos en su momento, Víctor Hugo Ayala, quien estando en la plenitud de su carrera (1961) le pidió grabar “Bendito nuestro amor”, cuando aún Ochoa estaba muy joven y era poco conocido. En ese momento recuerda el maestro: “fue cuando realmente me sentí compositor”. Otras canciones suyas destacadas han sido “Después que me olvidé de tí”, “Ella es mi reina”, “El amor no acaba”, “Tú, lo mejor de todo”, “Ayer y hoy” y “Muy Antioqueño”, que se ha convertido en uno de los  himnos de la región. Sobre su letra a dicho el maestro Ochoa: la canción fue “construida con humor y exageraciones, chicaneando, como buen antioqueño”, y tal vez por esto ha tenido tanto éxito, y con  frases como “…tengo finca en el cielo y un negocio en el sol” que destacan su apego a la tierra y su esencia de comerciantes.

Una vez pensionado y liberado de la carga que le dejó su padre, Ochoa se pudo dedicar más de lleno a su pasión real: la música y la composición. Creó entonces la fundación “Antioquia Canta a Colombia” para preservar y promover la música andina colombiana. También abogó por los derechos de autor de los compositores colombianos y propició la Ley de Compositores que les dió un poco más de dignificación a través de la Sociedad de Autores y Compositores-Sayco, polémica entidad que al parecer ha desvirtuado algunos de esos principios. 

Y luego cuando ellos se van, 

algunos sin decir adiós, 

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el frío de la soledad 

golpea nuestro corazón, 

es por eso amor mio que te pido

por una y otra vez,

si llego a la vejez, 

que estés conmigo.

Foto: John Brian Cubaque. Quintopiso

El reconocimiento más importante de su carrera lo recibió Héctor Ochoa Cárdenas en el año 2015 cuando la Fundación Grammy Latino lo eligió para entrar al “Hall de la Fama” de compositores latinos, junto a Armando Manzanero, Juan Luis Guerra, Emilio Estefan y Gustavo Santaolalla, entre otros. 

“El camino de la vida” es un retrato de nuestra propia existencia y es un homenaje a la familia, a los valores esenciales, a los hijos pero sobre todo a la base misma, al comienzo y el fin de todo: el amor.

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*Diseñador gráfico, especializado en diseño editorial y docente universitario. Ex periodista gráfico de la revista Semana y de la Agencia nacional de noticias CIEP. Actualmente es editor de quintopiso.net, pagina dedicada al bienestar, respeto y empoderamiento de personas mayores de 50 años.

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