Por María Teresa Herrán*

Querido diario (6)

Como muchos viejos mayores de 70 años, estoy siguiendo a rajatabla las instrucciones de las autoridades de salud, que lo han expresado aquí y en Cafarnaún.

Lo hago por una razón muy sencilla: sentido común.

El cardiólogo y el neumólogo, sin mucho aspaviento, fueron contundentes: soy población vulnerable, por lo que concluí que mi enemigo declarado es, sin duda alguna, el Coronavirus.

Bastaba con que me lo dijeran una vez para que les creyera: sí, soy vulnerable. Yo, tan alegona, aunque no resisto las pontificadas de los que no saben de lo que hablan, también respeto la sabiduría de los que no necesitan demostrar que saben.

El bicho es el peor asesino en un país en donde la violencia no es teórica sino práctica y en donde aplastar al otro con mezquindad es un ejercicio diario, como lo demuestra el caso de la alcaldesa, a cuyos enemigos no les basta que su esposa Angélica haya aceptado el error y pagado la multa.

Pero debo confesarte, querido diario, que me altera cada vez más el tonito de conmiseración [1 ] con que muchos se refieren a nosotros, los mayores de 70 años, como si fuéramos unos bobos, o, en el mejor de los casos, como un paquete. 

Nos relegan a un rincón como si fuéramos zapatos viejos. Foto MTH

Me irritó que el señor Presidente Duque dijera, como primer mandatario, que a los “abuelitos” había que cuidarlos. ¿Por qué? Porque me parece tan decisiva en mi vida mi relación entre abuela y nietos, que no me gusta que me la manoseen. Al parecer, el Presidente se dió cuenta de lo inapropiado del término, porque él mismo terminó cambiándolo por “adulto mayor”, que tiene la ventaja de situarnos en el lugar adecuado, busca preservar nuestros derechos y tener en cuenta la experiencia que nos da la vida. En cambio, me irrita también cuando a nuestros compañeros de confinamiento, es decir los niños de primera infancia, se les llama “menores”, que en su caso es despreciativo, como lo consagra la convención de los derechos del niño, cuando les reconoció el derecho al libre desarrollo de su personalidad.

Pues bien, gracias al enemigo -me refiero al coronavirus- he comprobado que la manera como se trata a los viejos refleja la manera como en Colombia establecemos una jerarquía de valoración. Saben mucho más del tema mis amigas Elisa Dulcey https://fiapam.org/wp-content/uploads/2013/08/Elisa-Dulcey-Ruiz.pdf y Myriam Bautista, que además de las viejas (y jóvenes ) rebeldes: https://www.elespectador.com/opinion/myriam-bautista-y-sus-abuelas-de-la-nada-columna-714444 tiene un libro sobre los viejos y la manera como los trata la sociedad.

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Sin duda alguna, el confinamiento ha permitido ver lo poco que contamos los viejos y cómo, si nos descuidamos, pueden “chulearnos”, como decimos en Bogotá. 

En otras palabras, nos mencionan en público tan solo para refregarnos que nos tenemos que quedar en casa. Tanto, que al respaldo de la nevera llevo, como cualquier presidiario, o mejor como cualquier conde de Montecristo en su isla, la cuenta de los días.

Mi contabilidad de confinamiento. Foto MTH

A algunos de mis contemporáneos ese menosprecio los afecta más, porque se dan cuenta de que el egocentrismo de una sociedad basada en el consumo para jóvenes nos desubica en lo que valemos. Por ejemplo, ¿no se ha dado cuenta Ud. que la publicidad siempre pone a los abuelos, sobre todo las mujeres, como deportistas o cocineras y aparentando menos años que los que tenemos? Eso si, nunca aparecen los viejos haciendo cola ante la inmisericorde educación de los que no les ceden el turno preferencial, que tienen por ley .

En otros países, como Gran Bretaña e Italia, los viejos tan tenido un papel de liderazgo en materias tan fundamentales como la solidaridad y las pensiones. Si no me creen, sepan que algunos han considerado que la “silver economy” puede impulsar la economía.

https://blogs.alternatives-economiques.fr/gadrey/2013/12/19/la-silver-economy-ou-comment-les-vieux-vont-sauver-la-croissanceresalta

El artículo, con un exagerado optimismo -advierto-, insiste en el papel que pueden tener los viejos y propone “un pacto europeo de crecimiento desde y para los viejos”. Considera además que el teletrabajo puede ayudar tanto al bolsillo de una humanidad envejecida, como su mente.

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Dado el aumento de la esperanza de vida, menos mal que cada vez menos viejos le tienen miedo a internet, un espacio ideal para el desarrollo de nuestra personalidad, siempre y cuando logremos conquistar el espacio que nos ha robado la estupidez.

 De todas maneras, los viejos no parecemos en Colombia contar para nada importante. Uno deja de estar “in” por escogencia mediática y ya no existe. Ahora, con la pandemia, con que nos quedemos encerrados y callados, basta. A muy pocos viejos desvalidos –que por fortuna no es mi caso- se les ha ofrecido, como en otros países, ayudarlos con las compras o en alguna vuelta que tengan que hacer. Nos hemos quedado con el estereotipo según el cual “como aquí nuestras familias son tan distintas de las de los países desarrollados”, léase mucho mejores, los viejos no están solos ni abandonados.

¿ No será más bien que nos han apocado sin que nos demos cuenta? De allí el poema sobre la necesidad de reaccionar:

https://quintopiso.net/wp-content/uploads/2020/05/13-LOS-VIEJOS.mp3

Viejo*

Viejo eres
entelequia que los demás
miran sin ver.
Pocos te mencionan
tan sólo notan tu presencia
con palabras lastimosas
de falsa compasión

Su afecto es tímido
y con la ambigüedad de las palabras
tratan de explicar
tus males
pero no lo mucho
que estorbas.

Existes para esconderte
de palabras, y a veces de obra
en las visitas.
Y sólo te suman
como estadística

¡Sacúdete!
y no dejes que te arrinconen
en una era que detesta
la sabiduría
y no cree en la experiencia
ni en el pelo blanco.
Pero así te tocó,
y punto.

A propósito y sobre el mismo tema:

https://www.infobae.com/america/mundo/2020/04/18/coronavirus-polemica-en-francia-por-el-confinamiento-de-los-mayores-de-65-anos-por-tiempo-indeterminado

(1) Sobre el tema de la conmiseración, encontré en mi querido internet una base para la reflexión que me reafirma en que el origen es más religioso y de sentimientos humanos que de derechos o de relación entre gobernantes y gobernados. En ese sentido, a los viejos y a los muy niños nos tratan como iguales, en lo que tienen razón, pero no porque seamos bobos, sino por un mal entendido proteccionismo, en el caso de los adultos mayores. https://definicion.de/conmiseracion/

**Este poema hace parte del libro «Los Ruidos del Silencio» de María Teresa Herrán, publicado en 2020 por el Taller de edición Roca Poesía, en la Colección Un tris de libro.

Adenda

Un reflejo sintomático de nuestra descomposición social ha sido la excesiva importancia que se le ha dado mediáticamente a los datos estadísticos sobre muertos, contagiados y rescatados. ¿Nos “alivia” acaso saber que no son tantos los muertos como en otros países, o que Bogotá es puntera en materia de muertos? 

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¿Qué significa la muerte? ¿Es un simple dato? ¿Dónde están los guardianes de la moralidad – iglesias o laicos-? No aparecen ni aparecieron en la Semana Santa. Ante los vacíos morales,  las estadísticas predominan. Se colocan en un supuesto orden de importancia. La vejez de los muertos se vuelve casi que una justificación: eso si -no se asusten parecen decirnos los   presentadores de noticias-  tenían enfermedades anteriores como diabetes o pulmonares.  Y la muerte de los jóvenes se cita  para  “probar” que no hicieron caso. Pero, ¿no es hora de que, cuando en Colombia se cita tantas veces el nombre de Dios en vano, que Colombia se empiece a interesar por el dolor ajeno?  

*Maria Teresa Herrán es una reconocida periodista y Doctora en Ciencias Políticas; fue presidenta del Círculo de Periodistas de Bogotá y dirigió la Maestría de Periodismo de la Universidad de los Andes, así como el Programa de Comunicaciones de la Universidad Central. Dirigió la revista Alternativa de la época izquierdista y fue la primera mujer en dirigir un noticiero de televisión. Ha sido investigadora y publicado numerosos libros pero hoy en día, prefiere autodenominarse comentarista, abuela cibernauta, poeta y artista plástica. Publicó un libro de poemas y escribe un blog que se llama «Opinar es debatir sin pelear» https://mariatherran46.blogspot.com/ en donde comenta sobre temas de actualidad.

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