Por John Brian Cubaque Rey*

Fernando Cano Busquets (1956) es un fotógrafo trashumante, que ha recorrido de todas las maneras nuestro territorio: por ríos, por mar, por tierra y por aire. Es un reportero gráfico de sangre y de corazón y lo ha demostrado a través de toda su trayectoria periodística tanto gráfica como escrita. De sangre porque su familia ha sido pionera y gestora del periodismo libre en nuestro país, y de corazón porque sus instintos, su sentido social y su formación -filósofo- lo han llevado a los rincones más apartados de Colombia a retratar no sólo personas sino situaciones de injusticia, desigualdad y olvido, con respeto, oportunidad y gran sentido estético. 

Autorretrato en reparación. 2016

Muy joven, siendo estudiante de comunicación social, comenzó, casi sin querer, y debido a un trabajo que tenía que hacer para la universidad, el descubrimiento de este medio de expresión que desde entonces se convirtió en su pasión y que no lo abandonaría. Como no tenía ni idea del manejo de una cámara ni mucho menos de los principios fotográficos, empezó en el laboratorio y poco a poco fue aprendiendo los intringulis de la “nueva profesión” escalando a reportero, de la mano de los curtidos fotógrafos de El Espectador, su casa. Sin importar que su familia era la dueña del periódico, su padre, don Guillermo Cano, le dijo que no tendría privilegios y que sería uno más dentro del equipo de reporteros.

Marcha por la paz y los desaparecidos. 2006. Foto: Fernando Cano

Sus maestros

Comenzó cubriendo temas rutinarios y sencillos con los que fue adquiriendo destreza. Recuerda que su primera foto fue publicada en El Vespertino, un periódicó tabloide que se publicaba en las tardes. 

Sus dos grandes maestros, dice muy orgulloso, fueron el joven Francisco Carranza, compañero en El Espectador, quien despuntaba ya en el periódico por su calidad y con quien ha compartido muchas aventuras y un Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 1987, por el cubrimiento del primer aniversario de la tragedia de Armero. El otro fue Carlos Caicedo, el fotógrafo de la competencia (El Tiempo), que era el referente de todos y sobresalía dentro del medio.

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Galardones y distinciones

La sensibilidad y el trabajo dedicado le fueron dando una diferenciación, que con los años lo convirtieron en uno de los fotógrafos más reconocidos y premiados del país. Y comenzó muy temprano, al hacerse merecedor del Premio Nacional de Periodismo 1977, por su cubrimiento de la que fue considerada “la pelea del siglo” entre el argentino Carlos Monzón y nuestro Rocky Valdés. (Juan Gossaín). 

Espectacular fotografía de la pelea épica en Mónaco entre Carlos Monzón (Arg) y Rocky Valdés (Col). 1977. Foto: Fernando Cano

Fue mención del afamado World Press Photo en 1978; esta vez tomó una foto extraordinaria en uno de esos cubrimientos rutinarios: una carrera de karts en el antiguo autódromo de Bogotá; tomada por instinto, como dice él mismo, captó sin saberlo en ese momento, una de las mejores fotografías de accidentes automovilísticos, que le representó el respeto y reconocimiento de sus colegas.

Posteriormente, en 1981, el joven Cano fue incluido por el curador Eduardo Serrano junto con otros fotógrafos consagrados, para representar al país en uno de los eventos más importantes del arte en el mundo: la Bienal de Venecia.

Accidente de Karts en Autódromo de Bogotá (tomada del periódico de la época-1977). Foto: Fernando Cano

La violencia llega a casa

Su recorrido por el periódico ya como periodista, lo llevó a la dirección de deportes y del Magazín Dominical, teniendo además, una columna semanal. No obstante, la violencia narcoterrorista le cambió la vida. El 17 de diciembre de 1986 le quitó a su padre; esta circunstancia lo mandó de cabeza a las responsabilidades mayores del periodismo escrito: fue director del periódico junto con su hermano Juan Guillermo de 1987 hasta 1997. El 2 de septiembre de 1989, en un atentado terrorista, le destruyeron su casa: la sede del periódico fue destruida por órdenes del narcotráfico. Fue amenazado de muerte y tuvo que salir del país junto con su familia, pero el asesinato de Luis Carlos Carlos Galán lo jalonó a volver de nuevo, seis meses después, a pesar de que la amenaza contra él y su familia seguía latente; porque consideraba que su deber era enfrentar la difícil situación del país desde la dirección del periódico. En ese tiempo también fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo CPB esta vez como escritor-periodista en 1996, por mejor reportaje.

Competencia de equitación, 1979. Foto: Fernando Cano
Visita de Juan Pablo II a Bogotá en 1986. Foto: Fernando Cano

El mar de cargas financieras estaba ahogando a la familia y en 1997 decidieron cederle el 75% a un importante grupo económico. Fue el momento del retiro periodístico, y aunque siguió escribiendo columnas para Credencial y El Tiempo hasta el 2002, fue el momento asimismo, de darle la segunda oportunidad al reportero gráfico que tenía engavetado.

Retomando la fotografía

Después de esa dura experiencia, llegó el tiempo de las búsquedas personales y de los viajes a lo profundo del país. Retomó la fotografía y desarrolló algunos proyectos personales. Quería conocer zonas que no había recorrido y descubrir la otra Colombia, la olvidada, la de los indígenas, la de los pescadores, la de los menos favorecidos, que son los indispensables. 

Baile bajo la lluvia. Amazonas. 2004. Del Libro “Suramérica, un continente de agua”. Foto: Fernando Cano
1. Frontera con Brasil. 2004. Del Libro “Suramérica, un continente de agua”. Foto: Fernando Cano

En el 2004, con 48 años, emprende una empresa loca que le propone el navegante Franco Ospina, hijo del legendario capitán Ospina Navia: recorrer Suramérica por entre los ríos, desde los llanos de Colombia hasta Argentina y devolverse por mar bordeando la costa pacífica siguiendo las ballenas jorobadas hasta las costas colombianas. Fue una empresa difícil, que se inició con muchas vicisitudes y duró más de lo planeado: siete meses. De esa locura quedó el libro “Suramérica, un continente de agua” (Ediciones Gamma, 2005). Este fue el primero de la sucesión de cuatro libros que, sin proponérselo, publicó en los siguientes cuatro años.

Continuó en su recorrido por Colombia y su inquietud acerca de la “felicidad del país” que una encuesta internacional le había endilgado a pesar de sus angustias y guerras, lo llevó a retratar las fiestas regionales, y de esta correría quedó el libro “Colombia: Carnavales y fiestas populares”, también publicado por Ediciones Gamma (2006). “Café: Historias de Progreso y Futuro” (Ediciones Gamma (2007), fue un encargo de la Federación de Cafeteros que querían posicionar el café como bebida nacional, pero significó un recorrido por las zonas cafeteras del país, su historia, la gente y el proceso de elaboración. Esto lo llevó adicionalmente, a indagar sobre la trashumancia de los recolectores y su azarosa vida.

Consagración

Mientras tanto, participó en algunas exposiciones colectivas como la del Museo Nacional en el año 2000; en la Galería Shitai en Japón en 2008; y en el Museo de Arte de la U. Jorge Tadeo Lozano en 2013. Luego de su primera exposición en 1978, no volvió a exponer individualmente hasta 2010 en Casa Cano; y en 2013, de nuevo en Casa Cano ya sintiéndose más libre, expuso en 2013 “Pueblo”.

Audrey Hepburn. 2013. Del libro «Pueblo». Foto: Fernando Cano
Últimas noticias. Del libro «Pueblo». Foto: Fernando Cano

Pero su consagración llegó con la gran exposición “Colombia soy Yo” realizada por el Museo de Arte Moderno de Bogotá en 2017, en la que copó todas las salas con su obra. Solo el gran Ruven Afanador con sus retratos de celebridades había logrado lo mismo en 2011. Pero la diferencia fue que Cano lo hizo como reportero gráfico. Era la síntesis del recorrido que Fernando aún sigue haciendo por este “oscuro” país. Indígenas, fiestas, cafetales, gente del común que trabaja y se divierte a pesar de su miseria y sus necesidades. Retrato de Colombia, de esa Colombia rural de trochas, rancherías, aldeas y pueblos olvidados; de selva y monte; de desiertos y nevados. 

Colombia soy yo, así la tituló como referencia directa al sentimiento por su propio trabajo y por un muy particular personaje que cuidaba carros cerca de su galería, que todos los días llegaba con un traje-disfraz diferente, al que le estuvo haciendo retratos  -que incluyó en la exposición- y que un día llegó con ese texto sobre una camiseta que se había utilizado en las marchas contra la guerrilla de las FARC en 2008. Los tres pisos del Museo fueron insuficientes para albergar la gran obra de Cano. Una característica general de la exposición fue la utilización del blanco y negro para enfatizar los sentimientos por encima de los efectos. 

Esta consagración tuvo un ingrediente adicional: el Ministerio de Cultura le concedió el  Premio Nacional de Fotografía 2017 con el proyecto que posteriormente se convirtió en el libro “País, Homenaje en Blanco y Negro” una selección de su recorrido por Colombia y también como un reconocimiento a su vida y obra

Autorretrato en cuarentena. 2020. Foto: Fernando Cano

A sus 64 años sigue muy activo. Tenía previsto abrir en mayo su más reciente exposición “A veces…” en la Galería Casa Cano, pero la pandemia lo obligó a posponer su apertura hasta septiembre. Y a propósito de la pandemia, durante la misma se dedicó a realizar un interesante ensayo fotográfico que denominó “Autorretratos en cuarentena”, en el que muestra los sentimientos, frustraciones y delirios de la vida en cuarentena.

Es amante de la naturaleza y profesa un amor especial por los pájaros a los que busca y retrata cada vez que sale a sus correrías. Fernando es, como vemos, un fotógrafo de corazón pero de un corazón al que también le duele el país.

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*John Brian Cubaque Rey es Diseñador gráfico, especializado en diseño editorial y docente universitario. Ex periodista gráfico de la revista Semana y de la Agencia nacional de noticias CIEP. Actualmente es editor de quintopiso.net, pagina de carácter periodístico, dedicada al bienestar, respeto y empoderamiento de personas mayores de 50 años.

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