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Por John Brian Cubaque*

Hace un año estuvimos gozando del Festival Petronio Álvarez, el último realizado en vivo, con lleno y éxito rotundo. Fue una experiencia fenomenal y quedamos con ganas de repetirlo. Pero la noticia es que el Festival, como todos los eventos y espectáculos multitudinarios en todas partes del mundo, fueron cancelados o virtualizados a causa del Covid-19. Este último camino fue el que decidieron tomar los organizadores -la Alcaldía de Cali- del Festival más querido de la comunidad negra del Pacífico. Y también cambiaron las fechas: ya no es en agosto como estábamos acostumbrados sino del 21 al 27 septiembre. Los eventos se podrán seguir por las páginas de Facebook @CaliCultura y @PetronioAlvarezOficial.

Pero justamente, uno de los atractivos del Festival es el calor humano que se vive y se siente, la alegría contagiosa; es poder compartir el baile sin importar con quien; es el revoleo de pañuelos y los eventos alrededor del mismo como la Feria artesanal, el Festival infantil -el Petronito-, la programación académica; es la oportunidad de degustar la deliciosa comida del Pacífico y probar de nuevo el viche, el arrechón y todas sus variedades, que alegran aún más el ambiente festivo del Petronio. Por eso la nostalgia.

El siguiente texto es un recorrido y un recordatorio de la deliciosa experiencia que vivimos el año pasado y con él, la sensación de nostalgia de no poder vivirlo este año de la misma manera.

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En agosto, Cali está «en modo Petronio»

Estuvimos en Cali a mediados del mes de agosto pasado con mi esposa, mi cuñada y su esposo, todos mayores de 60, todos con espíritu y esencia de bailadores, acompañados de nuestros queridos amigos César y Aidée, de Cali, también contemporáneos, y nuestro hijo de 27 -que había venido a visitarnos-, con el único propósito de asistir y disfrutar el Festival de Música del Pacífico “Petronio Álvarez”. Fue una experiencia inolvidable.

Los pañuelos blanco se convirtieron en símbolo de aprobación y paz en el Festival.

Teníamos la referencia de algunos amigos que habían estado, que nos contaban su alegre experiencia, y de pasados festivales vistos y gozados por televisión. Pero queríamos vivirlo y sentirlo en carne propia. Veníamos preparados para el «despelote»: nos imaginábamos metidos en “chichoneras”, apretujados y viendo de lejos los grupos tocar. Pero nos llevamos una gran sorpresa, porque estábamos más cómodos que asistiendo a cualquier concierto pago de algún artista popular (por cierto la entrada al festival es gratuita) y además, podíamos bailar!

A qué vinimos (el Festival)

Gracias a la guía de nuestro amigo César Montero y su esposa Aidée Cuartas, quien  trabajaba en la alcaldía cuando nació el festival, supimos que había sido creado por iniciativa del poeta Germán Patiño Ossa -ya fallecido-, hace 23 años, en honor a Petronio Álvarez, compositor del famoso currulao  “Mi Buenaventura” (popularizado por el gran Peregoyo y su Combo Vacaná** y que se ha convertido en himno del litoral pacífico), para exaltar la música y músicos del pacífico colombiano y para preservar la riqueza musical de esta zona del país. Inició como un evento pequeño, sin muchas pretensiones, por el rescate de tradiciones, pero como dicen ahora, “se les creció el enano”, porque desde entonces no ha parado de crecer.

El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez es un concurso que reúne cada año, en agosto, las más representativas agrupaciones de música del pacífico, para dirimir cuáles son las mejores en sus diversas especialidades: Conjunto Violín Caucano, Conjunto Chirimía (Flauta y Clarinete), Conjunto de Marimba y Cantos Tradicionales y Agrupación Libre. Esta última es la que más expectativas tiene pues de allí han surgido agrupaciones como  el Grupo Bahía (Te vengo a cantar), Herencia de Timbiquí (Amanecer), la Pacifican Power (Vení), Chocquibtown (Somos pacífico), Grupo Socavón (Mi escalera), o el Grupo Saboreo (recuerdan La vamo’ a tumbá?), entre otros, hoy reconocidos por su sonoridad particular con base en la marimba de chonta, los cununos, el bombo y el guasá, las flautas y los ahora célebres violines caucanos. Es un encuentro que celebra el orgullo de una raza.

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Violines caucanos elaborados con madera de bambú.

Más que música: tradiciones y economía naranja

Pero en realidad el festival es un evento que tiene más que música

También es una muestra de la pujanza económica de la región basada en lo que se denomina ahora “economía naranja”. La reunión de artesanos y emprendedores que quieren mostrar sus productos creativos: artesanías, elaboración de instrumentos -luthiers-, vestuario, bisutería o marroquinería, y a ofrecer sus particulares servicios: sus exóticos peinados, los espectaculares y creativos moños hechos con telas de gran colorido, pintura corporal o fotografía.

Es también una pasarela de moda hecha por y para la comunidad afrocolombiana: faldas, blusas, camisetas, cada vez mejor elaboradas y con diseños originales.

Pero también es una muestra de la riqueza gastronómica de la región: ensaladas de calamar, camarón o langostinos; empanadas de jaiba; pusandao (caldo de bagre); corvina, pargo o toyo sudao o frito, cazuela de mariscos; arroz atollao con piangua, o el delicioso encocado de jaiba, así como aborrajados y marranitas del Valle, entre muchos otras delicias.

Viche y tumbacatre

Es un momento de reconocimiento cultural de toda la comunidad del pacífico colombiano. Música, luthiers, artesanos, moda, peinados, comida… y viche. 

El viche es la bebida oficial del evento (junto con el arrechón, la tomaseca, el tumbacatre o el pipilongo, algunas de ellas son mezclas con hierbas o bebidas tipo sabajón, con el viche como base). Es utilizado tradicionalmente para curar enfermedades y como potenciador sexual, entre muchas otras cosas. El viche es una bebida alcohólica de elaboración artesanal, similar al aguardiente, elaborado a partir de la caña de azúcar, el más importante producto de la región, azucarera por excelencia.

¡A lo que vinimos!

Es un momento de encuentro que se convierte en fiesta. No puede ser de otro modo. Son cuatro días de rumba ininterrumpida. De colorido y diversión, de buena comida y de compartir, porque aquí todos son amigos y como tales se comportan: todo es camaradería, risas, y por supuesto, baile. Es tal la algarabía y el gusto por el baile que en esos cuatro días, no vimos borrachos y ni una sola pelea, solo rumba y diversión.

Herencia de Timbiquí acompañados por la Orquesta Filarmónica de Cali.

El evento se realiza desde hace 23 años y ha crecido de una manera exponencial; se ha convertido en un motivo de peregrinación, tanto que en esta oportunidad llegaron casi 100.000 personas, de todas partes de Colombia y de otros países, sólo el día de cierre, día en que se realizan las finales de todas las categorías y también la presentación de los grupos invitados, que en esta ocasión inició la poderosa Pacifican Power, ganadora de Petronio y los invitados especiales de fondo: la reconocida agrupación caucana Herencia de Timbiquí, también ganadora del festival, acompañada por la Orquesta Filarmónica de Cali. Fue un cierre grandioso: rumba, espectáculo, los artistas entregados a su público que no paraba de cantar y bailar todos sus éxitos, moviendo los ya tradicionales pañuelos blancos como símbolo de aceptación y paz. La locura.

Bunde, currullao y juga; cantaoras, chirimías y grupos tradicionales de marimba y clarinete; violín caucano, cununo y guazá; ceviche, encocado de jaiba, pusandao …y viche!. ¡Amaneceeerr, dulce amanecer!. ¡¡Vení, vení, vení!!.

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*Diseñador gráfico, especializado en diseño editorial y docente universitario. Ex periodista gráfico de la revista Semana y de la Agencia nacional de noticias CIEP. Actualmente es editor de quintopiso.net, pagina dedicada al bienestar, respeto y empoderamiento de personas mayores de 50 años.

**Vacaná es la abreviatura de Valle, Cauca y Nariño departamentos de donde eran originarios los músicos del grupo y su espacio de influencia.

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