El viaje, realizado el pasado 11 de julio, convirtió a Branson (Londres, 1952), en el primero de los nuevos pioneros del turismo espacial en probar sus propias naves saliendo de la atmosfera terrestre. Supera así a Jeff Bezos de Amazon, (quien lo hizo el 20 de julio), y Elon Musk, de SpaceX (quien ya ha llevado cápsulas a la estación espacial internacional). Este último, solidario, viajó a Nuevo México para brindarle su apoyo. Bezos envió sus felicitaciones a través de un post en Instagram.

En una conferencia después del aterrizaje, Branson, de 71 años, catalogó el vuelo como «la experiencia de su vida». El británico es la segunda persona en la historia, mayor de 70 años, en llegar al espacio. El primero fue el ex astronauta John Glenn en 1998, a la edad de 77 años. Sin embargo, Branson fue el primero que lo hizo como civil.

«¡Qué día, qué día!. Creo que, como la mayoría de los niños, he soñado con este momento desde la infancia y, sinceramente, nada puede prepararte para ver la Tierra desde el espacio», señaló.

«Mi misión era convertir el sueño de los viajes espaciales en una realidad para mis nietos, para sus nietos, para muchas personas que viven hoy, para todos», agregó.

«Y habiendo volado al espacio, he visto cómo Virgin Galactic es la línea espacial para la Tierra. Estamos aquí para hacer que el espacio sea accesible para todos, y queremos convertir a la próxima generación de soñadores en los astronautas de hoy y de mañana».

«He soñado este momento desde que era niño, pero ir al espacio fue más mágico de lo que imaginé» Richard Branson en twiter

Accidentado periplo

Branson recorrió un largo camino para llegar hasta aquí. Pero ha sido persistente a pesar de las dificultades. La primera vez que anunció su intención de volar al espacio fue en 2004, esperando tener un servicio comercial disponible en 2007.

Sin embargo, algunos problemas técnicos -incluido un accidente fatal de un vuelo en desarrollo en 2014- hicieron que lograr su objetivo tomara más tiempo del esperado.

El cohete de pasajeros VSS Unity fue el 22º vuelo de prueba de la compañía Virgin Galactic

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El avión Unity despegando. Foto BBC

¿Cómo funciona su avión cohete?

El avión de Branson, conocido como Unity, no despega por sí solo desde la Tierra. Para volar, necesita ser transportado por un avión mucho más grande a una altitud de unos 15 km, desde donde es lanzado. Entonces, la aeronave enciende su motor para impulsarse hasta alcanzar una altura aproximada de 90 kilómetros. La altura que alcanzó Branson en Unity este domingo 11 de julio, fue de 85 km.

El empresario estuvo acompañado en la misión por los dos pilotos del vehículo, Dave Mackay y Michael Masucci, y tres trabajadores de Galactic: Beth Moses, Colin Bennett y Sirisha Bandla.

«Ir al espacio fue más mágico de lo que imaginé»:

Richard Branson

De los acompañantes de Branson, la única que había salido de la Tierra antes de este viaje es Beth Moses, la instructora principal de astronautas de Virgin Galactic. Para ella, la vista desde arriba, a través de la ventana, es «simplemente fenomenal».

«Las imágenes no le hacen justicia. Es tan brillante y hermoso. Vi el océano, y la mitad de los Estados Unidos y la mitad de México. Vi el verde de la tierra y las blancas montañas cubiertas de nieve», dijo a la BBC.

«Debido a que estás ingrávido y estás quieto, y la nave se ha detenido, puedes sumergirte en la vista de una manera realmente atemporal. Se me quedó grabado en el alma», añadió.

Luego del vuelo, Branson, Moses, Bennett y Bandla recibieron las alas de astronauta comercial por parte del astronauta canadiense Chris Hadfield.

Branson experimentando la ingravidez. Foto BBC

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Competencia y puyas con Jeff Bezos

Branson no está solo en la carrera por el turismo espacial. Jeff Bezos, fundador de Amazon, también ha creado una nave con un sistema suborbital y el 20 de julio pudo también salir de la Tierra a bordo del su nave New Sheppard.

El multimillonario británico, propietario de Virgin Galactic, ya ha vendido billetes para viajar al espacio a más de 600 personas (por US$250.000 para un vuelo de 90 minutos).

Estas personas esperan alcanzar una altura en la que puedan ver el cielo volverse negro y maravillarse con el horizonte de la Tierra mientras se curva en la distancia. Dicho vuelo también debería permitirles unos cinco minutos de ingravidez durante los cuales se les permitiría flotar dentro de la cabina del Unity.

La tripulación del Unity , incluyó a dos mujeres: Beth Moses, instructora de astronautas, y Sirisha Bandla.

Mientras tanto, Bezos ha dicho poco aún sobre cómo pretende comercializar su negocio espacial. «Sin embargo, claramente hay algo de tensión en la relación Branson-Bezos», escribe Jonathan Amos, corresponsal de Ciencia de la BBC.

«El viernes, la compañía espacial Blue Origin, de Bezos, publicó un tweet que criticaba al vehículo Unity de Virgin Galactic. La publicación repetía una afirmación de que cualquiera que volara en el avión cohete siempre tendría un asterisco junto a su nombre porque no alcanzaría la altitud ‘reconocida internacionalmente’ donde comienza el espacio: la llamada línea Kármán* de 100 km«, añade Amos.

«El gobierno de EE.UU. siempre ha reconocido que el límite del espacio está a unos 80 km y otorga alas de astronauta a cualquiera que supere esta altitud», explica el corresponsal. Y Branson y su nave Unity llegaron a 85 km. Reto superado.

 “Ahora existe un concepto al que se le llama la nueva economía espacial. La diferencia entre esta economía y la anterior es que ahora las empresas privadas tienen acceso al espacio.

José Salgado, fundador de Unite Space

Fuentes: BBC Mundo. France 24, El País.

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*El ingeniero aeronáutico húngaro-estadounidense Theodore von Kármán, fue quien dedujo en 1950, que 100 km podría ser la distancia a la que las naves espaciales tendrían que volar más rápido que la velocidad orbital (velocidad necesaria en la Tierra para mantenerse en el aire). Pero fue el abogado Andrew G. Haley, quien fue el primero en practicar el “derecho espacial”, el que acuñó el término “Kármán line” en 1957.

La Federación Aeronáutica Internacional (FAI), el organismo encargado de registrar récords aeronáuticos y astronáuticos, reconoce la Línea Kármán como el límite entre la atmósfera terrestre y el espacio. Sin embargo, La NASA considera la distancia de 80 km como frontera con el espacio. «A esta altitud, un avión convencional (…) correría el riesgo de caer de nuevo a la Tierra”, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA)

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